Metallica y Soundgarden lideran un exitoso Sonisphere Festival 2012

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Chris Cornell, leyenda viva del grunge. Foto: Eduard Tuset

Fecha: 25/26-05-12. Lugar: Auditorio John Lennon. Getafe (Madrid). Promotor: Last Tour International

Sólo por los dos cabezas de cartel, los reunificados Soundgarden y Metallica revisitando su clásico y exitoso “Black Album”, ya resultaba obligado peregrinar un año más hasta Getafe. Aunque el éxito masivo de asistencia de la segunda jornada -54.000 personas, según la organización- desbordó los servicios, el cambio de ubicación benefició, a la postre, el balance final del evento. El cartel de este año fue ciertamente ecléctico, demasiado para algunos, y aunque hubo algún que otro contraste demoledor –Enter Shikari a la hora de Slayer; o Evanescence coincidiendo con Clutch-, lo cierto es que la suma resultó curiosa y equiparó la presente edición, más que nunca, a la de otras alineaciones europeas del propio Sonisphere.

Viernes 25 de mayo 
Aún con el sol bien alto, Corrosion Of Conformity –quienes habían abierto, curiosamente, para Metallica y Soundgarden en Madrid en la última gira de éstos últimos antes de su separación- desplegaron su primerizo catálogo de hardcore-punk y crossover thrash. Algo ariscos para los neófitos a primera hora de la tarde, estrenaron material nuevo –y continuista- y recuperaron el tema título de su exitoso “Deliverance”. Mejores en club.

Mayor y más inmediata fue la conexión con el power metal de los finlandeses Sonata Arctica, quienes siguen aportando aire fresco al género, y con el heavy metal de los canadienses Kobra And The Lotus, liderados por una enérgica Brittany Paige, quienes se marcaron una contagiosa versión del “Holy Diver” de Dio.

El golpe de timón en cuanto a referencias, sonido y actitud lo dieron Limp Bizkit en el escenario grande. Fred Durst ha hecho mucho por caer mal y su nu-metal está más que desfasado; pero se marcaron un buen show de sonido demoledor, con el excéntrico Wes Borland caracterizado de extraterrestre albino con careta luminosa, temas tan efectivos como “My Genation” o “Take A Look Around” e invasión de escenario incluida.

Del hip-hop metal al stoner rock de Kyuss Lives. No es lo mismo, pero aunque sólo queden dos de sus miembros originales, John Garcia y Brant Björk, vale la pena escucharles rockear con perlas del calibre de “Gardenia”. Poco después, The Offspring agitaron a la audiencia con temas como el veloz “All I Want”, con el que arrancaron, o el infalible “Come Out And Play”. Muy festivos y de sonido más compacto de lo habitual gracias a la incorporación de un segundo guitarrista. Y del punk melódico al doom gótico, algo que no pasó desapercibido por el vocalista de Paradise Lost, Nick Holmes, quien preguntó si aún estaban tocando Offspring, provocando sonrisas y abucheos. Celebración versus oscuridad. Los de Halifax atacaron “Widow”, “Pity The Sadness” y “As I Die” en pocos minutos. También estrenaron varias canciones nuevas –a destacar “Tragic Idol”-. Su punto flaco, como siempre, el sonido; y que rebajaran su agresividad inicial con piezas redondas pero quizás sobrantes en un setlist más duro, como “One Second” o “Say Just Words”.

Y de ahí al corazón de Seattle, al grunge con toques heavys y psicodélicos de Soundgarden (en la foto). Todo el mundo quería verles y la verdad es que, a pesar de las elevadas expectativas, salieron bastante bien parados. Eso sí, el inicio fue desconcertante, con una “Searching With My Good Eye Closed” apagada, accidentalmente desconectada, y con la voz de Chris Cornell aparentemente rota. El volumen se restauró. “Spoonman” nos hizo reaccionar. Sufrimos por las cuerdas vocales de Cornell en “Jesus Christ Pose”, pero a partir de ahí todo fue en aumento: “Gun” y “Ugly Truth” de “Louder Than Love”; momentos pausados con los que volar (“Blow Up The Outside World”, “Fell On Black Days”, la popular “Black Hole Sun”), la histérica concatenación de “My Wave”, “The Day I Tried To Live”, “Outshined” y “Rusty Cage”; y el cierre con “Slaves & Bulldozers” y un acople final de varios minutos con Ben Sheperd estrellando el bajo en el foso. A la espera del nuevo disco, parece que, por el momento, mantienen buena parte de su magia.

Para terminar, Orange Goblin aportaron punch e intensidad, con un frontman, Ben Ward, enorme en todos los aspectos y pepinazos como “Some You Win, Some You Lose”. Por su parte, Machine Head protagonizaron el concierto más contundente de la primera jornada centrándose en material reciente, de “I Am Hell” a la final “Halo” pasando por “Locust”, “Beautiful Mourning” o “Imperium”.

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Brent Hinds, de Mastodon, alquimista de las seis cuerdas. Foto: Eduard Tuset

Sábado 26 de mayo
Con bastante público para ser las cinco de la tarde, Vita Imana mostraron entrega y tablas, aunque al mismo tiempo algunos corrían ya para coger sitio para Metallica. Se encontraron de frente con Mastodon, quienes pasearon con soltura por las pasarelas habilitadas para los ‘four horsemen’ mientras repasaban buena parte de su último “The Hunter” –vibrantes “Blasteroid” y “Spectrelight”-. Tan sólo un par de aportaciones externas a ese disco: “Crystal Skull” y “Blood And Thunder” para cerrar con un puñetazo en la mesa, aunque sin la voz de Nail Fallon de Clutch, quienes tocarían esa misma madrugada. Más sintéticas y al grano, las últimas composiciones de los de Troy Sanders y Brent Hinds resisten mejor la prueba del directo.

Tras ellos, coincidieron dos formaciones muy populares por aquí, Children Of Bodom y Within Temptation. Carne de festival, los primeros demostraron lo resolutivo que puede ser en las grandes distancias su death melódico con teclados. Alexi Laiho es un buen líder y sus solos y riffs de guitarra sonaron especialmente bien hasta su despedida con la rítmica “In Your Face”. Los segundos aportaron un poco de luz antes de adentrarnos en la recta más heavy del festival. Por suerte, Sharon den Adel cambió sus habituales atuendos de princesa por un look de calle más rockero. Llegó a todas las notas, animó sin cesar a la audiencia y condujo un show efectivo en el que los holandeses sacaron brillo a temas recientes como “Shot In The Dark”, “In The Middle Of The Night” o “What Have You Done”.

Ghost, entre el shock rock y el espíritu del black metal. Foto: Eduard Tuset

Y del día a la noche más profunda. Numerosos seguidores, pero también muchos curiosos, se acercaron a un escenario secundario abarrotado para presenciar la misa negra de los enigmáticos Ghost. Ambiente ceremonioso. Silencio. Con la pieza de la orgía de “Eyes Wide Shut” a modo de introducción, apareció en escena la banda ataviada de blanco impoluto, con capuchas y máscaras venecianas como las de la citada película. Y entre ellos, su cantante, con la ya característica toga y corona cual Papa diabólico, la cara maquillada a lo King Diamond y gestos de bendición lentos e inquietantes. A pesar de los problemas iniciales con el micrófono, sonaron casi perfectos, de “Con Clavi Con Dio”, “Elizabeth” o “Stand By Him” hasta la final y celebrada “Ritual”. Headbanging colectivo. Tan teatrales como clásicos.

Un águila gigante de Slayer aguardaba en el escenario principal. “World Painted Blood” abrió la caja de Pandora y a los diez minutos la adrenalina aumentó con el enlace de “Die By The Sword” y “Chemical Warfare”. Tom Araya estuvo más estático, pero sonriente y cumpliendo en lo vocal –clavó el halarido de “Angel Of Death”-; Kerry King y Dave Lombardo, como siempre, impecables; y Gary Holt de Exodus, reemplazo temporal de Hanneman, se mostró totalmente integrado dándole un aire más netamente metálico y menos punk a sus partes de guitarra. Con menos volumen de lo deseado, “Mandatory Suicide”, “Jesus Saves”, “Dead Skin Mask”, “South Of Heaven” o “War Ensemble” hablaron por sí solas.

James Hetfield (Metallica): el frontman. Foto: Eduard Tuset

Pocas bandas pueden salir tras Slayer. Y una de ellas es Metallica. De hecho, visto lo visto, Metallica pueden salir después de quien les dé la gana. La introducción de Morricone nos puso por enésima vez la piel de gallina. Y estalló una frenética “Hit The Lights”, seguida de “Master Of Puppets”, “The Shortest Straw” y “For Whom The Bell Tolls”. Locura generalizada. Tan sólo una recuperación posterior a 1991, una tibiamente acogida “Hell And Back”, extraída de “Beyond Magnetic” y se entregaron a su disco más exitoso, el ya histórico álbum negro, que repasaron íntegramente al revés, de “The Struggle Within” a “Enter Sandman”. Más delgado y en forma, y con un chaleco tejano old school forrado de parches de bandas clásicas, James Hetfield lució voz y carisma, como de costumbre, para capitanear la banda de heavy metal, aun a día de hoy, más grande del planeta. En lo musical, aunque también por su sentido del espectáculo y por su conexión con el público. Si estuvisteis allí sabréis de lo que hablo. Kirk Hammet –verlo con su guitarra de Boris Karloff era viajar a principios de los noventa-, Robert Trujillo y el propio Hetfield pasearon por las pasarelas para adentrarse y rodearse de miles de puños y cuernos al aire. Y tras dos horas llegamos al tramo celebratorio final con pirotecnia, lasers, pelotas hinchables y llamaradas al servicio de “Battery”, “One” y “Seek & Destroy”. Una auténtica fiesta.

Por suerte, reservamos fuerzas para los franceses Gojira y su death metal vanguardista. El cuarteto vive un momento de plenitud que debería hacerles ascender de nivel. Que Metallica cuente con ellos reiteradamente es, por lo menos, significativo. Aunque más lo son en directo “Oroborus” o “Flying Whales”. Maestros.

Tras ellos, Evanescence quedaron un poco desubicados, por decirlo suavemente. Eso sí, tienen su público y Amy Lee le puso ganas. Lo más aplaudido –sintomático-, los singles de su debut “Fallen”: “Bring Me To Life”, “Going Under” y “My Immortal” al piano. Con Clutch volvimos al groove y a rockear de lo lindo, con la voz negroide de Nail Fallon al frente y unos músicos de primera –sublime “The Mob Goes Wild”-. Una propuesta inasible a reivindicar hasta la saciedad.

Y con el retraso acumulado durante el día, casi a las cuatro de la madrugada nos enfrentamos, valientes, a la descarga de Fear Factory. Valió la pena. Centraron el set en sus primeros y más celebrados discos: “Soul Of A New Machine” (una violenta “Martyr”); “Obsolete” (“Shock”, “Edgecrusher”, “Smasher/Devourer”) y “Demanufacture”, con “Self Bias Resistor” y “Replica” recordándonos su sonido único y brutal. Y nos retiramos cansados pero felices, la vieja y conocida sensación tras otra gran bacanal de metal.

Texto: David Sabaté. Fotos: Eduard Tuset

Crónica publicada en Mondosonoro en junio del 2012

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