'Prometheus', irregular pero fascinante retorno de Ridley Scott a la ciencia ficción

Una de las imágenes del film de Ridley Scott. Fuente: www.moviecarpet.com

Ridley Scott regresa a la ciencia-ficción con una precuela de su mítica “Alien, el octavo pasajero”. El resultado es una desigual epopeya sobre el origen de nuestra existencia en la que despuntan un soberbio Michael Fassbender y una arrolladora factura visual.  33 años han pasado desde el estreno de la primera parte de Alien, mezcla de sci-fi y terror que revolucionó el género; y 30 desde la última incursión de Scott en la ciencia-ficción con “Blade Runner”, film de culto que en su día no fue acogido con el mismo entusiasmo. Algo parecido podría suceder con “Prometheus”, aunque sólo el tiempo dirá si el film acaba convertido en una referencia venerada.

La película contiene todos los elementos necesarios, aunque no siempre bien hilvanados, para permanecer; entre ellos, una poderosa puesta en escena y un diseño de producción espectacular, con imágenes deudoras, una vez más, del universo de H.R.Giger y un agradable sabor a ciencia ficción clásica –son evidentes, por ejemplo, las referencias a “2001, una odisea del espacio”-.

También posee un buen reparto, encabezado por un Michael Fassbender más que convincente como androide, una Noomi Rapace correcta y una Charlize Theron desaprovechada –su papel y su relación con otro de los personajes claves del film son uno de los puntos flojos de la cinta-. Y por último, parte de una premisa interesante de claro contenido filosófico –como hacía “Blade Runner”- pero de difícil o improbable respuesta: ¿quién es nuestro creador? Más allá del dilema entre la fe y el escepticismo expuesto a través de la tripulación de una nave espacial que viaja a un lejano planeta en búsqueda de ‘Dios’, intentar responder esa pregunta puede arruinar cualquier producción. De hecho, la historia no otorga respuestas –o no todas-, en una decisión claramente beneficiosa. Sin embargo, uno se queda con la sensación de oportunidad perdida, de historia incompleta e irregular, y quizás tendremos que dar la razón, dentro de unos años, a quienes entienden el film como primera parte de un díptico o trilogía que vendría a completar ese vacío.

Con todo, compararla con “Alien” resulta un mal punto de partida. “Prometheus” es otra cosa, y debe abordarse con la mente en blanco, sin prejuicios. Sólo así, por mediocres que sean algunos diálogos e inverosímiles algunos planteamientos o reacciones de sus personajes, podremos disfrutar plenamente de sus cautivadoras imágenes –el potente arranque, con el alienígena sembrando vida en un paraje virginal, idílico, casi paradisíaco; el desembarco en el desconocido planeta-; y de sus momentos más gore, donde Scott se explaya sin titubeos y que sirven de perfecto contrapunto a los planteamientos más metafísicos. En ese sentido, el adrenalítico aborto del personaje de Rapace es una de esas escenas que permanecen, para bien o para mal, en la retina. Un auto homenaje al impactante e histórico parto del primer Alien que sólo Scott podía reinventar.

Texto: David Sabaté

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