"Las brujas de Zugarramurdi", granujas a todo ritmo

Hugo Silva, Carolina Bang y Mario Casas en una escena de "Las brujas de Zugarramurdi". Fuente: Universal

Hugo Silva, Carolina Bang y Mario Casas en “Las brujas de Zugarramurdi”. Fuente: Universal

Por Xavi Sánchez Pons

Hace unos años, cuando Guillermo de Toro visitó Barcelona con motivo del primer Base Film Festival, tuve la oportunidad de mantener una larga charla-entrevista con él que se convirtió casi en una master-class de cine. Varias son la cosas que me quedaron grabadas a fuego, y una de ellas giraba en torno a la idea de qué debía tener una película de género para esta funcionara. El cineasta mexicano lo tenía claro; cuando más anclada en el folklore propio del país donde está enmarcada la historia, más posibilidades tendrá de llegar a buen puerto.

Esa máxima de Del Toro es aplicable a “Las brujas de Zugarramurdi”, un filme que, más allá de sus obvios guiños al cine anglosajón, es toda una declaración de amor a la tradición esotérica patria. De hecho, la última cinta de Álex de la Iglesia también tiene alma de españolada, ahí está ese machismo exacerbado de los protagonistas masculinos, versión actualizada de los estereotipos masculinos del cine del desarrollismo, o su comicidad, a veces chusquera y voluntariamente torpe.

Frente a esos elementos cien por cien españoles De la Iglesia contrapone la cita cinéfila leída, que va del cine pop a clásicos de culto. Los guiños de “La brujas de Zugarramurdi” son incontables. Algunas de las películas citadas durante su metraje son: “El baile de los vampiros” de Roman Polanski”, “Abbott y Costello contra los fantasmas” de Charles Barton, “Granujas a todo ritmo” de John Landis, “Siete ocasiones” de Buster Keaton y “The Wicker Man” de Robin Hardy.

Ya para finalizar, lo que hace grande la última diablura del director vasco es su descarada y fresca mezcla de géneros e influencias y la habilidad con las que este las cocina para acabar entregando una película cien por cien Álex de la Iglesia. El exceso, el nervio con que se mueve la cámara (los travellings de la persecución en la mansión de las brujas valen un potosí) y esa comicidad over the top tan marca de la casa, otorgan a “Las brujas de Zugarramurdi” la condición de cine-espectáculo total; una montaña rusa de emociones que la convierte en una comedia de terror de altura.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=f3uBdsog0no&w=600&h=338]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *