'Through the Never', la experiencia Metallica total

Kirk Hammet, Lars Ulrich y James Hetfield, como los espectadores: en pleno éxtasis. Fuente: www.peliculasabout.com

Kirk Hammet, Lars Ulrich y James Hetfield, como los espectadores: en pleno éxtasis. Fuente: www.peliculasabout.com

Si te gusta la música heavy -o incluso el rock en general-, tarde o temprano vas a darte de bruces con Metallica. Este es un hecho tan rotundo como que antes o después vas a colisionar con la música de Iron Maiden, Judas Priest, AC/DC, Motörhead o Black Sabbath. La banda liderada por James Hetfield y Lars Ulrich ha alcanzado un estatus de clásico incontestable, de tótem del rock en mayúsculas, hasta el punto de entrar a formar parte de la cultura popular contemporánea -sobre todo a partir del exitoso “Álbum negro“-, como demuestran sus apariciones en medios y radios generalistas, su cameo en The Simpsons -cuidado que ahora se ha anunciado el de Rob Halford- e incluso la creación de su propia versión del videojuego Guitar Hero.

Su progresiva condición de monstruos del rock no ha estado exenta de algunas polémicas y escándalos -el cambio de look de la época “Load“, el juicio de la banda contra Napster, la crisis interna que cristalizó en el desordenado “St. Anger“-, pero, a pesar de todo, parecen haber superado todos los obstáculos, abriendo camino, probando cosas nuevas y con una recta final de su carrera, a día de hoy, en la que parecen haber alcanzado de nuevo la posición de intocables que lucían a principios de los noventa.

En este viaje más allá del bien y del mal ha tenido bastante que ver su disco “Death Magnetic” del 2009, la gira de los Big Four junto a Slayer, Megadeth y Anthrax, o el festival multidiscilpinar hecho a medida Orion Music and More; una progresión que les equipara, en cuanto a dimensiones y mercadotecnia, casi, con Kiss e incluso con U2. Sí, los Metallica de hoy son una marca, pero continúan teniendo canciones y alma.

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La última prueba de ello es esta sorprendente película en 3D, “Through The Never“, un artefacto ambicioso, entretenido y tremendamente espectacular que sitúa al espectador en el epicentro del huracán Metallica: encima del escenario durante uno de los conciertos de su gira del 2012 y a tan sólo un palmo, a veces ni eso, de los mástiles de las guitarras, los platos y las melenas de los hombres de negro.

Visualmente apabullante, en ella asistimos a un recital desbordante de travellings imposibles, panorámicas que desafían las leyes de la gravedad, planos cenitales y un efectivo uso del 3D que ya querrían para sí un sinfín de películas hinchadas en post-producción. Y todo ello en un escenario apabullante: centrado en la pista del estadio, parecido al que utilizaron en la gira de “Load” y en la de “Death Magnetic”, y adornado para la ocasión por recreaciones tamaño gigante de los elementos de sus distintas portadas. Sin olvidar la pirotecnia, los fogonazos y la destrucción simulada de todo el montaje en la recta final.

James Hetfield liderando con maestría la función. Fuente: www.theverge.com

James Hetfield liderando con maestría la función. Fuente: www.theverge.com

El repertorio está bien escogido y ejecutado, como de costumbre: “Creeping Death”, “For Whom The Bell Tolls”, “Master Of Puppets”, “One”, “Ride The Lightning”, “…And Justice for All”, “Hit The Lights” o “Enter Sandman”, entre otras, crujen de lo lindo. Quizás sobran, únicamente, “The Memory Remains” y “Fuel”, aunque esta última está justificada como banda sonora de la otra parte del film, la de ficción, que se va entrelazando con el concierto. Y ahí es donde la cinta se convierte en algo más que un “simple” directo del grupo y donde, precisamente, también cojea en algunos momentos.La premisa resulta, por lo menos, interesante: un joven roadie (interpretado por Dane DeHaan, visto en “Chronicle” y en la próxima secuela de “The Amazing Spider-Man”) debe cruzar la ciudad durante el concierto para ir a buscar el preciado contenido -al parecer, vital para el grupo- de una furgoneta extraviada. El clásico mcguffin hitchcockiano que hace avanzar la acción.

La cosa empieza bien, con el chaval en monopatín -James era un gran fan del skate en su juventud, incluso se rompió el brazo practicándolo- y en el backstage, donde se cruza con los miembros de Metallica, presentados brevemente y uno por uno con un punto de fantasía y humor –Hetfield en su coche-escupe-llamaradas; Trujillo provocando temblores de nivel 7 en la escala de Richter en las pruebas de bajo-.

El actor Dane DeHaan encarna al protagonista de la ficción, un roadie en apuros. Fuente: www.indiewire.com

El actor Dane DeHaan encarna al protagonista de la ficción, un roadie en apuros. Fuente: www.indiewire.com

Lo que sigue es una estudiada alternancia, por lo general bien entrelazada, entre el concierto y la alucinógena cruzada del joven, teñida de rebelión, apocalipsis y pandemia, con destellos de “The Wall“, numerosas escenas potentes -los ahorcados en las calles; las protagonizadas por un sádico jinete “Sandman” enmascarado; el accidente de coche, el protagonista en llamas- y otras tantas transiciones realmente logradas -la fusión entre la maraña de manifestantes y el público del show-.Con todo, se le podría haber sacado mucho más jugo a esta ficción paralela que queda, a la postre, bastante desaprovechada -más backstage, más interioridades, por favor- pero a pesar de ello y de algún que otro momento gratuito, el cómputo final acaba siendo más que notable: una experiencia visual y sonora impecable que te traslada literalmente encima del escenario. Un festín sensorial rotundo e inigualable. Lo más parecido hoy en día a asistir a un concierto real de Metallica.

Texto: David Sabaté

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