'Bienvenidos al fin del mundo': Súperbebidos

"Bienvenidos al fin del mundo". Fuente: www.collider.com

“Bienvenidos al fin del mundo”. Fuente: www.collider.com

Hoy en día, antes de ver una película lo sabemos todo de ella. A veces hasta como acaba. Y eso da mucha rabia, amigos. Antes era un loco de los trailers, pero ahora casi no veo ninguno, no quiero que me arruinen el polvo. Esto lo explico para decir que con “Bienvenidos al fin del mundo”, la última diablura de Edgar Wright, conseguí llegar virgen al cine, y ¡Diós, como disfruté!

La última entrega de la Cornetto Trilogy es, para el que esto escribe, la mejor de las tres. Está un palmo por encima de “Zombies Party” y dos sobre “Arma Fatal”. Me explico, esas dos películas, excelentes, claro está, estaban llenas de grandes ideas, tanto en la puesta en escena como en la subversión del cine de género –Wright es un maestro en el mix-up de temáticas y tonos, parece casi un director oriental, eso sí, enamorado de Steven Spielberg-, pero en su conjunto no eran filmes redondos, siempre faltaba o sobraba algo. No eran cintas desiguales, pero a diferencia del cerdo, no se podía aprovechar todo de ellas.

Ahora bien, “Bienvenidos al fin del mundo” es la culminación y la vez sublimación del estilo Wright, una suerte de cruce entre la versión setentera de “La invasión de los ultracuerpos”, “La cosa” de John Carpenter y ese género tan americano como es el de las comedias gamberras y generacionales. Una película que apoya su brillante y espectacular puesta en escena –Wright atina en la escenas de acción, algo hasta ahora inédito en su cine- en un texto conmovedor, emocionante y lleno de humor sobre la camaradería entre amigos y ese yo adolescente que aún vive en personajes que rozan los cuarenta. No hace falta decir aquí que la labor de Simon Pegg, Nick Frost, Paddy Considine y cía. es capital, aportando carisma y verdad a unos roles entrañables y macarras a partes iguales.

Por cierto, cuando uno llega al final de “Bienvenidos al fin del mundo”, es difícil no pensar en “La cabaña en el bosque” de Goddard y Whedon. ¿Por qué? se preguntaran ustedes. Bien, la película de Wright comparte con sus colegas americanos una forma iconoclasta de dialogar con los géneros clásicos, en este caso sobre la ciencia ficción y el fantastique, y lo hace con un derroche de medios y un poderío de película mainstream. Cuando, en el fondo, están más cercanas a lo underground (sobre todo el filme de Drew Goddard, que es casi contracultural) que de lo establecido.

Texto: Xavi Sánchez Pons

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