"A propósito de Llewyn Davis": Sólo contra todos

El actor Oscar Isaac, en la piel del penúltimo antihéroe de los Coen. Fuente: www.europapress.es

Oscar Isaac y Justin Timberlake. Fuente: www.europapress.es

Por Xavi Sánchez Pons

La cosa está difícil. Me refiero a plasmar en razonamientos, palabras, todas las sensaciones que produce el visionado de la última película de los hermanos Coen, un filme enigma, lleno de magia y misterio, que desde ya se coloca en el Top 5 de las mejores películas de los firmantes de “Fargo”. A pesar de ser difícil lo intentaré.

“A propósito de Llewyn Davis” es una historia sobre un personaje central cenizo como pocos, aunque no me atrevería decir que despreciable. Se asemeja en espíritu al presentado por Noah Baumbach en la extraordinaria “Greenberg”, pero los tiros van por otro lado. La cinta de los Coen es una bellísima y enigmática historia sobre un cantante de folk con muy mala estrella, malcarado, depresivo y misántropo, que solo ve la luz, encuentra momentos de paz y es capaz de mostrar empatía y verdadera emoción cuando empuña su guitarra y ejecuta sus canciones.

Una facultad, quizás hasta cierto punto maldición, que es mostrada de forma conmovedora por la pareja de cineastas en una de las mejores escenas del cine estadounidense reciente: la secuencia en la que Llewyn Davis visita a su padre en una residencia de ancianos. Y hasta aquí puedo leer.

El nuevo filme de los responsables de “Sangre Fácil” vuelve a coquetear, como pasaba en “O Brother!”, con la idea de ser una relectura libre de la “Odisea” de Homero, y no solo porque repita T-Bone Burnett en la banda sonora, sino por guiños tales como la estructura circular del filme y el via crucis de su protagonista, la presencia de un inquieto gato llamado Ulises y la aparición de un John Goodman aterrador cual Polifemo de la América Profunda.

Ahora bien, “A propósito de Llewyn Davis” es fantástica, no solo por buena, sino por el carácter casi fantasmagórico, rayando el fantastique, de algunos fragmentos, pero no perfecta. En ese apartado tiene mucho que ver el efecto del miscasting de Justin Timberlake y Carey Mulligan como una pareja –forzada- de folk singers. Único pero que impide que algunas escenas tengan la verdad fílmica que pedía esta, por otro lado, inolvidable historia llena de enigmas.

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