"Her", ¿sueñan los hombres con sistemas operativos?

"Her": Joaquin Phoenix triste. Fuente: www.cinemaandpopcorn.blogspot.com

“Her”: Joaquin Phoenix triste. Fuente: www.cinemaandpopcorn.blogspot.com

Las calles de nuestras ciudades se han teñido de fucsia con los carteles promocionales del último trabajo de Spike Jonze. Hay que agradecer que a nadie se le haya ocurrido meter el machetazo en la traducción del título,  “Her”, y dejar que ese pronombre con tantas posibilidades nos seduzca junto con el rostro de Theodore, o Joaquin Phoenix, y su maravilloso halo de pagafantismo. Porque no nos engañemos, lo tiene.

Supongo que a estas alturas nuestros lectores sabrán que “Her” se refiere a ella. Así de forma aislada y sin un contexto claro resulta algo indefinido, puesto que el pronombre puede tener distintas funciones dentro de la sintaxis anglosajona. Sin embargo resulta perfecto, puesto que la mujer de la que se enamora el protagonista es real aunque intangible, sin una forma física. ¿Es esto posible? Pues claro que sí. Y más en los tiempos que corren y los que están por llegar.

En un futuro no tan remoto, Theodore se dedica a mantener viva la llama del amor de otros individuos, es un experto y sensible redactor de bonitas cartas de amor que paradójicamente es incapaz de superar su reciente fracaso matrimonial. Se ha convertido en un ser triste y reservado, que se dedica a subsistir, llevando una vida rutinaria y aburrida, sin ningún tipo de motivación ni aliciente, hasta que decide sustituir su sistema operativo por uno más moderno y avanzado. En este momento entra en juego Samantha, cuya voz pone Scarlett Johansson, y que resulta ser la mujer perfecta para Theo, virtualmente hablando.

"Her": Joaquin Phoenix enamorado. Fuente: www.collider.com

“Her”: Joaquin Phoenix enamorado. Fuente: www.collider.com

La forma de comunicación del individuo con su sistema operativo a través de un pinganillo, dando la impresión de que habla solo mirando al vacío, consigue dar un mayor punto de locura a toda la historia, pero en realidad no dista tanto del panorama que podemos ver cada día, con gente continuamente mirando a la pantalla de sus respectivos teléfonos móviles. Hoy ya es el futuro.

Catalogar “Her” como una historia de amor dentro del marco de la ciencia ficción es muy sencillo. Sin embargo, la intención de Jonze parece más la de abordar el estado de soledad y aislamiento al que el individuo tiende a estar cada vez más sometido y la consecuente necesidad de tener a alguien cerca por diversos motivos, desde el deseo de sentirse querido y acompañado, hasta la búsqueda por encajar en un tinglado social que deja mal parado a quien no comparte su vida con alguien.

En el caso de Theodore, necesita amar y ser amado, pero a la vez, es incapaz de entablar una relación seria con una mujer. Prefiere esa realidad intangible que puede conectar o desconectar a su antojo, aunque acabe dependiendo totalmente de Samantha. Se trata de otro claro ejemplo del amor como algo completamente irracional, esta vez llevado al extremo. Theo es incapaz de resistirse a un ente que le cuida y le quiere, que le hace sentir vivo, aunque en realidad sea el resultado de múltiples combinaciones de algoritmos.

"Her": Joaquin Phoenix pensativo. Fuente: www.latimes.com

“Her”: Joaquin Phoenix pensativo. Fuente: www.latimes.com

Esta singular relación difícilmente dejará indiferente al espectador, que, además, dependiendo de su situación personal, podrá interpretar de manera distinta. Al margen de las posibles lecturas que esta historia pueda tener, es inevitable alabar una vez más la labor de Phoenix, que ya no tiene que demostrar su calidad interpretativa, pero, y esto me sorprende hasta a mí, hay que darle crédito a Johansson como merece por ser capaz de dar vida y emoción a ¡un sistema operativo!, de dotarle de personalidad y sensualidad y de transmitir toda clase de emociones con la única ayuda de su propia voz; precisamente ella, uno de los grandes iconos sexuales en la actualidad. Pensándolo bien, tiene cierta gracia que con este rol desafíe a la belleza física por la que la sociedad está tan obsesionada.

Jonze cuida al máximo cualquier detalle visual haciendo que el espectador disfrute de los diferentes espacios y localizaciones con este toque futurista de Los Angeles y Shanghai, iluminaciones y otros tantos recursos que tan bien sabe aprovechar para que “Her” se convierta en una alegoría visual.

Por otra parte, esta historia supone también su debut como único guionista, por todo lo alto, con una historia sólida, magníficamente desarrollada y una conclusión, que no moralina, acerca de la relación entre el ser humano y la máquina que de alguna manera me hace pensar en cierto relato de Philip K. Dick que inspiró uno de los grandes clásicos del cine de ciencia ficción. Así que ¿puede el hombre enamorarse de una máquina? ¿y la máquina de un hombre? Seguro que podríais responder con relativa facilidad, pero ¿es esto lo que en realidad Jonze quiere que nos preguntemos? Rotundamente, no.

Texto: Toi Brownstone

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