Anneke van Giersbergen, voz, energía y carisma

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Anneke van Giersbergen. Fecha: 28.03.2014. Sala: Razzmatazz 2. Promotor: Madness Live! Productions

Una vez más, nos reencontramos con Anneke. La voz. La sonrisa casi permanente. El carisma. La energía vibrante y contagiosa. La cantante cuyo timbre te atrapa y te obliga a cuestionar el ensalzamiento de otras supuestas vocalistas extraordinarias.

La que fuera líder, durante más de una década, de The Gathering, una de las más personales y sólidas formaciones del metal gótico -transmutado, paulatinamente, en rock progresivo y psicodélico- surgido en la segunda mitad de los noventa, nos había visitado ya en distintas ocasiones en los últimos años, poniendo en escena una regular carrera en solitario que ahonda cada vez más en el pop sin complejos. Pero esta vez fue distinto.

Acompañada de una banda joven, compacta y bien conjuntada -con su actual pareja como batería-, Anneke apareció en escena con aura de estrella, cercana y sencilla pero imponente y deslumbrante a la vez. Una conjunción inusual y difícil de explicar que en vivo transmite una extraña sensación de familiaridad, cercanía y emoción.

Tras la correcta presentación en solitario de la suiza Anna Murphy, antes en Eluveitie, con instrumentos con manivela y brumosos homenajes implícitos a Julee Cruise, Anneke irrumpió con la luminosa “You Will Never Change”, de su último “Drive”, delicada y rockera a un tiempo, con las tonalidades vocales de la pelirroja cambiando al servicio de una acelerada pieza diseñada para mover cabezas y hacer brillar miradas.

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Le siguió la canción que da título a su último álbum, un medio tiempo bailable con estribillo alternativo. Dos temas que bastaron y sobraron para comprobar que su música reciente gana potencia y garra en vivo, y que su estilo sigue siendo inclasificable. Podríamos hallar en él ecos a Tori Amos y a Cat Power, por poner un par de ejemplos, pero nos quedaríamos cortos.

Pensando en ello, llegó, prematuramente, el primer clímax de la noche: “Saturnine”, de su disco junto a The Gathering “if_then_else”, etérea y emocionalmente intensa pieza maestra de su discografía. Su mezcla de melancolía, potencia lírica e instrumental y belleza melódica nos cogió desprevenidos. Vello de punta. Y la audiencia, claro rendida a sus pies.

Un infalible triple disparo de salida que preparó el terreno para un concierto que apenas decaería. Incluso medió bien los tiempos cuando se atrevió a arrancar sola, guitarra acústica en mano, con “Beautiful One”, de su disco como Agua de Annique, “Circles” y “My Mother Said”, en un pasaje central que hizo palidecer a un buen puñado de las cantautoras folk que inundan las radiofórmulas. Pero ella parece ir por libre, sin necesidad de competir con nada ni con nadie, y el carácter marcadamente comercial de algunas de sus últimas piezas, que podrían derivar en cierto envoltorio impersonal, queda compensado por un arma infalible: otra vez, su voz.

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Cierta oscuridad tomó el relevo con “Even the Spirits Are Afraid”, envolvente y con guitarras rasgadas; no fue la última recuperación de The Gathering: en el tramo final sonaron, también, una desbordante “Strange Machines” y una “Leaves” interpretada a dueto con su nueva y joven teclista, y a petición de la audiencia (que pudo votar, vía “aplausómetro”, entre ésta o “Broken Glass”).

Y volvió la luz con el colofón final, con la primera y la última canción de su nuevo álbum, respectivamente: “We Live On” y “The Best is Yet to Come” (Lo mejor está por venir). Esperemos que así sea y que acabe de pulir su renovado estilo y su optimista presente.

Texto: David Sabaté / Fotos: Eduard Tuset

 

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