‘Metalhead’, una historia de dolor, identidad y heavy metal

¿Para qué reciclar cuando puedes quemar? Fuente: http://kvikmyndir.is

¿Para qué reciclar cuando puedes quemar? Fuente: http://kvikmyndir.is

Habíamos oído hablar de ella hace ya algún tiempo; incluso os habíamos avanzado algunos detalles (leer aquí), pero que el Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona la haya programado en su presente edición ha sido toda una sorpresa.

Lejos de lo que pueda parecer, “Metalhead” es un drama íntimo acerca de una joven de veintipocos años, Hera, traumatizada por la muerte en accidente de su hermano mayor, hecho fatal que presenció cuando ella tenía sólo 12 años, y del que se siente profundamente culpable.

En su doloroso viaje interior, Hera adoptará como propia la fascinación de su desaparecido hermano por el heavy metal, adoptando (y refugiándose en) su estética, forrando su habitación de pósters del género, escuchando música a todas horas, heredando su guitarra eléctrica y grabando maquetas de black metal rodeada de vacas en el establo donde nació en 1970, año en que Black Sabbath editaban su primer disco.

La "típica" cena familiar. Fuente: http://www.cinemadautor.cat

La “típica” cena familiar. Fuente: http://www.cinemadautor.cat

De bajo presupuesto, como la mayoría del cine realmente underground que puede verse en esta muestra, pero bien rodada por el realizador islandés Ragnar Bragason, con una fotografía fría que inflama los ocres, grises y azules, la historia logra sortear los tics del melodrama televisivo, tanto por su forma como por su contención dramática, que podría haberse desatado fácilmente; algo que atribuimos al carácter nórdico de la producción.

En su torturada y dilatada adolescencia, Hera se encierra en sí misma y en su música, una excelente banda sonora donde destacan canciones de Megadeth, Savatage, Riot o Judas Priest (la escena de la protagonista y el párroco del pueblo escuchando y hablando de “Sad Wings of Destiny” en el coche resulta memorable). También desfilan por la pantalla pósters, discos y camisetas de Motörhead, Iron Maiden o Bolt Thrower perfectamente contextualizadas.

Momento "Master of Puppets". Fuente: www.cinekatz.com

Momento “Master of Puppets”. Fuente: www.cinekatz.com

Al mismo tiempo, la joven se rebela contra las instituciones familiar y eclesiástica (apenas habría desentonado un intento de exorcismo), y contra la conservadora comunidad en la que vive, no muy lejana a la reatratada en el drama danés “La caza“, de Thomas Vinterberg.

Asimismo, resuenan en el filme ecos de libros como “Los señores del caos” (magnífica cita, via telediario, de la ola de quema de iglesias en Noruega); “Suomenlina“, de Javier Calvo, y su joven y nihilista protagonista; o “Fargo Rock City“, de Chuck Klosterman, cambiando glam por black metal y la Dakota del Norte rural por un perdido pueblecito de granjeros islandés.

La solemne e intimidante grandeza de los parajes islandeses donde transcurre la historia no hacen más que subrayar e intensificar la sensación de soledad y desamparo de la muchacha (también de los padres, en su impotencia por ayudarla/ayudarse). Un entorno natural hostil y muy alejado, diríamos que casi el reverso tenebroso, de la Islandia idílica retratada, por ejemplo, en el documental “Heima” sobre Sigur Rós.

La protagonista del filme, experimentando con su nuevo kit de maquillaje. Fuente: www.geekrex.com

La protagonista del filme, experimentando con su nuevo kit de maquillaje. Fuente: www.geekrex.com

Es cierto que los personajes -interpretados de forma notable en el caso de los padres, no tanto si hablamos de la protagonista, que firma una regular actuación, eso sí, de arco ascendente- podrían haberse desarrollado más; y que hay cambios en sus conductas un tanto súbitos que podrían haberse desarrollado y expuesto mejor.

Pequeños “peros” que no empañan la extraña y magnética naturaleza de un producto inusual y entrañable que deja verse si uno es totalmente ajeno al mundo que retrata, pero que suma enteros si eres o has sido alguna vez amante de ese fascinante género llamado heavy metal, más bien una manera de ver y vivir la realidad.

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