Temples Festival: el templo del riff

Ilustración de Amenra. Por Andreu Zaragoza (www.andreu-zaragoza.com)

Ilustración de Amenra. Por Andreu Zaragoza (www.andreu-zaragoza.com)

Tras tres ediciones consecutivas peregrinando al Roadburn, este año nos decantamos por este nuevo festival celebrado en Bristol, al sur de Inglaterra, los días 2, 3 y 4 de mayo. El listón quedaba muy alto y la cita llegaba precedida de grandes expectativas: estamos ante un festival que se autodenomina “100% independent. No sponsors. No masters. No gods”. Electric Wizard, Neurosis y Clutch como cabezas de cartel bien valían, de entrada, una incursión a tierras anglosajonas para vivir el debut de este evento emergente. Ilustración y fotos de Andreu Zaragoza. Texto de Tamara G. Cisneros.

El famoso recinto Motion de Bristol, ubicado en el corazón industrial de la ciudad, en el distrito de Temples Meads, logró reunir la mayor concentración de parches de Electric Wizard y Bongripper vista hasta la fecha. Dos salas, una principal y otra secundaria, con más de 40 bandas que apenas se solapaban entre sí. Puntualidad británica. En el interior, además de las habituales mesas de merchandising, el estudio Long Fox de Bristol se curró un mural fantástico.

Como suele ocurrir en los estrenos, los problemas técnicos del primer día parecían casi inevitables. El sonido fue mejorando a medida que pasaban las horas y los días. Accesos que cambiaban a diario. La oferta gastronómica, exenta de opciones vegetarianas y veganas, se llevó algunas críticas, que fueron compensadas al día siguiente permitiendo que se pudiera entrar comida al recinto. Lavabos sin agua a mitad de la noche y la cerveza, de lata, a precios un tanto desorbitados (3,60 libras, casi 4 euros y medio –nota mental: mejor no calcular el dinero gastado a posteriori-), al igual que el guardarropía, emplazado entre gigantescas pistas de skate. Y aunque se llevaron algunas quejas, los organizadores fueron reactivos a los acontecimientos.

Poster del festival. Fuente: www.facebook.com/TemplesFestival

Poster del festival. Fuente: www.facebook.com/TemplesFestival

Viernes
“Extreme noise levels. Free ear plugs available behind the bar”. Por fin había llegado la hora de disfrutar de tres días de descarga decibélica. Nos estrenamos con Moss, la banda sin bajista. Interesante doom metal el de estos ingleses, con un sonido que recordaba en ocasiones al de los cabezas de cartel de ese día, sus compatriotas Electric Wizard. Influenciados por H.P. Lovecraft y el ocultismo, desgranaron un par de temas a frecuencias extremadamente bajas.

Les siguieron Winterfylleth, muy entregados y convenciendo con su propuesta black metal, flanquedos por una sencilla pero efectiva luz escarlata y desatando las primeras oleadas de headbanging. A la espera de que publiquen su nuevo álbum, pudimos disfrutar de algunos temas de su último trabajo “The Threnody of Triumph” (2012). Riffs llameantes y veloces impregnados de voces rasgadas sellaron una convincente sesión black. El Temples empezaba bien.

Era hora de acercarnos de nuevo al escenario principal para escuchar a una de las bandas que más curiosidad teníamos por ver por primera vez en directo, los eternos nómadas Jucifer. Cimientos vibrantes. Nos dejamos llevar por el ritmo que marcaron las baquetas de Edgar Livengood y los contoneos de Gazelle Amber Valentine en su jam session drone. No obstante, aunque siendo tan sólo dos personas evocan una cantidad ingente de ruido, sus divagaciones no lograron dar forma a uno de los directos más convincentes, consiguiendo atraparnos a medio gas. De Anaal Nathrakh pudimos escuchar un par de temas, metal extremo desafortunadamente demasiado distorsionado en una sala secundaria acústicamente mal ecualizada.

Éstos dieron paso a una de las dos grandes bandas encargadas de cerrar la primera jornada de festival: el último show en el Reino Unido del legendario grupo de grindcore Brutal Truth tras 24 años juntos. Manos al aire por doquier. Una multitud haciendo mosh pit en el centro de la sala y una descarga sin respiro. El pistoletazo de salida lo dio “Birth of Ignorance” y acabaron con temas de la talla de “Denial of Existence”, “Time”, “Ill-Neglect” y “Choice of a New Generation”. Hicieron honor a su nombre. Brutales. Al final del concierto, Kevin Sharp se dio un baño de masas, abrazándose con los múltiples seguidores que coparon las primeras filas.

Electric Wizard, reyes del doom. Foto de Andreu Zaragoza

Electric Wizard, reyes del doom. Foto de Andreu Zaragoza

El broche llegó de la mano de uno de los tres grandes cabezas de cartel, los auténticos amos del doom, Electric Wizard. Aunque no pudimos ver a Satan’s Satyr a primera hora, su bajista y cantante Clayton Burgess se unió a ellos con el bajo. Mark Greening tenía los mayores platillos que he visto jamás. Dieron comienzo al espectáculo regalándonos un tema nuevo, “Incense”. Le siguieron “Legalise Drugs & Murder” y clásicos de la talla de “Return Trip” o la inmensa “Dopethrone”, con cabezas dejándose llevar al unísono. Los crowd surfing se sucedían sin fin. Temas más nuevos como “Witchcult Today”, “Satanic Rites of Drugula” o “Black Mass” enloquecieron al personal.

Cada canción desembocaba en la siguiente, creando una apisonadora acústica que se retroalimentaba a base de riffs. Finalizaron la ascensión lisérgica con un clásico, “Funeralopolis”, con Jus Oborn visiblemente molesto con el sonido abandonado la sala antes de que la distorsión tocara a su fin. Con todo, pudimos volver a degustar un viaje psicotrópico hacia las profundidades de la densidad sonora.

Sábado
Mucha expectación en la segunda jornada de festival para ver a la considerada, por muchos, como una de las bandas más pesadas del plantea actualmente: los ingleses Conan. La arrolladora descarga de riffs de los encapuchados dio comienzo con “Crown of Talons”, de su nuevo trabajo “Blood Eagle”. Atmósferas densas que te trasladan a otro mundo y la inabarcable “Foehammer”, la esencia del doom es su máximo apogeo. Prosiguieron con “Hawk as Weapon”, de su anterior disco “Monnos”, para acabar con la difícilmente abarcable “Altar of Grief”. Incontables cuellos desnucados. La segunda jornada prometía.

A Storm of Light introdujo las primeras proyecciones del festival, inspiradas en temáticas bélicas y la versión más cruenta del apocalipsis, un recurso que siempre suma en la inmersión músico-sensorial. Se aprecia el trabajo del prolífico Josh Graham, artista visual en Neurosis durante doce años; una influencia muy latente, a su vez, en su estilo musical. Más seguros que cuando los vimos teloneando a Converge en Brighton, hicieron un buen concierto.

Gran ambiente durante uno de los conciertos del festival. Fuente: www.facebook.com/TemplesFestival

Gran ambiente durante uno de los conciertos del festival. Fuente: www.facebook.com/TemplesFestival

Con un nuevo disco bajo el brazo a punto de ver la luz, los neoyorquinos Tombs dieron una buena lección de metal experimental, visiblemente influidos por el black metal más oscuro. Arrancaron su descarga con “Thanatos”, de su último álbum de estudio, “Savage Gold”, del que también desgranaron “Edge of Darkness”, “Portraits”, “Seance”, “Legacy” y “Spiral”, para finalizar con dos temas de su anterior trabajo, “Constellations” y “Bloodletters”.

Poco después, masas ingentes se dirigieron al stand de merchandising de Amenra. Había llegado la hora de una de las actuaciones más esperadas: la puesta en escena de la misa negra de los belgas. Escasa iluminación. Una sala principal expectante a rebosar. El aroma a incienso lo inundaba todo, proyecciones recubriendo el escenario en su totalidad, en claroscuro, de extremo a extremo, como telón de fondo. Brillante escenografía: sobre los cimientos de la sala, el público; en el altar, Amenra. Quizás suene un tanto exagerado pero los belgas son capaces de conseguir algo que muy pocos grupos logran: erizarte el vello de pies a cabeza con tan sólo escuchar los primeros acordes.

La experiencia litúrgica dio comienzo con la colosal “The Pain it Shapeless We Are Your Shapeless Pain”, capaz de sacudir los cimientos del edificio. Con “Razoreater” y la intensa “Boden” lograron sumergirnos de lleno en la amalgama de opresión, agonía y desesperación que destilan sus letras. Nos rodeaba una descomunal multitud plegándose y contrayendo la espalda al unísono a la altura de las rodillas. Control absoluto de su sonido. La desgarrada voz de Colin H. van Eeckhout, cantando de espaldas al público, entonó entonces “Nowena”. Música, sencillamente, hipnótica. Éxtasis con “Am Kreuz” para finalizar con “Silver Needle. Golden Nail”, a la que siguió una de las mayores ovaciones del Temples. Fuerza bárbara. De lo mejor del festival. Llegamos a tiempo de ver un par de temas del crust-punk crudo y directo de los míticos Doom en una sala secundaria hasta la bandera.

La seguridad de los asistentes, por encima de todo lo demás. Foto de Andreu Zaragoza

La seguridad de los asistentes, por encima de todo lo demás. Foto de Andreu Zaragoza

La segunda jornada la cerraban otros de los cabezas de cartel del festival, los infalibles Neurosis, que pusieron toda la carne en el asador desde el primer minuto de concierto. Visiblemente más relajados y cómodos que en otras ocasiones, se trabajaron una puesta en escena perfecta, hermosa e impresionante. Von Till y Kelly compartieron voces y guitarras, formando una espina dorsal formidable. Neurosis son una apuesta segura: nunca fallan. Ejecutaron con destreza canciones de la talla de “A Sun that Never Sets”, “Locus Star” (¡inmensa!), “At the Well” o “My Heart for Deliverance” para finalizar con las épicas “The Doorway” y “Stones from the Sky”. Fuimos y regresamos de la oscuridad a la luz. Neurosis logran que los pasajes más suaves suenen casi tan intensos como los muros de riffs que son capaces de recrear. Y qué mejor cierre a semejante bolo que regalándonos media hora más de concierto, casi 120 minutos de maestría post-metal.

Domingo
Encaramos la tercera y última jornada del Temples con muchas ganas de disfrutar del concierto de Beastmilk, encargados de aportar el punto bailable al festival. Liderados por el carismático y prolífico Kvohst, y visiblemente influidos por Joy Division, Killing Joke o Misfits, los finlandeses interpretaron casi la totalidad de los temas de su disco “Climax” con una respuesta muy entusiasta por parte del público: “The Wild Blows Through Their Skulls”, “You Are Now Under Our Control”, “Fear Your Mind”, “Ghosts Out of Focus” o “Surf of Apocalypse”.

Con “Death Reflect Us” fue difícil encontrar a alguien resistiéndose a mover el cuerpo al ritmo que desprendían. La media hora de concierto dio para dos temas más: “Genocidal Crush” y “Love in a Cold World”. Quizás nos faltó “Nuclear Winter”, pero en conjunto se marcaron un directo más que notable.

Llegamos a tiempo para ver el poderoso aluvión de riffs de los rockeros galeses H A R K, encabezados por el antiguo líder de Taint y aclamado artista gráfico Jimbob Isaac. En su reciente nuevo disco, “Crystalline”, cuentan con la participación de gente como Neil Fallon, de los incombustibles Clutch, con quién tocaron el último tema. Estaremos atentos a la carrera de este trío, puro stoner que calentó el ambiente a base de bien.

Oathbreaker, soberbios. Foto de Andreu Zaragoza

Oathbreaker, soberbios. Foto de Andreu Zaragoza

Le tocaba el turno a la revelación del día, una de las bandas que pertenece, junto a Amenra, al colectivo de músicos de Church of Ra, Oathbreaker. Atentos a esta banda belga porque entregaron uno de los mejores directos del Temples. Considerados por muchos toda una institución en el panorama hardcore, cuentan entre sus filas con Lennart Bossu, guitarrista de Amenra, y la carismática voz de Caro Tanghe. Avalancha sonora al más puro estilo de los directos de Converge, influencia evidente y directa; no en vano tienen relación directa con ellos tanto por sus grabaciones con Kurt Ballou como por pertenecer a su sello discográfico, Deathwish Inc.

Pelos de punta y profundo respeto por esta banda, que mezcla sin tregua influencias black metal con el más crudo hardcore. Impecables. Vítores a mansalva. Caro ha pasado a formar parte de mi selecta lista de heroínas modernas. Al finalizar el bolo, intercambiamos comentarios con ella sobre el sonido de la sala: aunque apenas se podía oír nada sobre el escenario, le aseguramos que la descarga sonora fue más que convincente.

Algunos temas del trashcore ochentero de SSS, secundados por un pogo sin fin y un ruido infernal que no les acababa de hacer justicia, sonaron antes que llegara el turno de los americanos Doomriders. Con Nate Newton muy comunicativo, interactuando todo el bolo con el público, desmenuzaron su noise rock, mezcla de metal, punk y hardcore. Cuentan con el frenético estilo del batería Q, que lucía un enorme cristo crucificado en el pecho. Con los primeros acordes de “Darkness Come Alive” la sala se entregó a los bostonianos. Aunque convencieron, fueron sobre todo los temas de sus primeros dos discos los que más energía y buen rollo desprendieron.

Broche de oro con Clutch, caballo ganador. Foto de Andreu Zaragoza

Broche de oro con Clutch, caballo ganador. Foto de Andreu Zaragoza

La sucia mezcla de grindcore y death metal old school de Repulsion dio paso a uno de mejores cierres de festival jamás presenciados: la descarga inigualable de Clutch. Al principio tuvieron que lidiar con un sonido muy apagado, pero fueron mejorando poco a poco. ¡Menudo bolazo! Y qué voz tiene Fallon, en mejor forma que nunca. “¡Vamos a tener una auténtica fiesta de rock and roll!”, anunció frente a un enorme rugido de aprobación.

Dieron comienzo dándolo todo con uno de sus temas clásicos, “The Mob Goes Wild”. La gente bailaba amontonada incluso en las últimas filas y el público se entregó al máximo cantando temazos de la talla de “Earth Rocker” o “The Regulator”, mezcla embriagadora del hard rock más sureño con la ferocidad de unas visibles raíces punk. Quince temas inolvidables, que alargaban como si de una jam sesión se tratara, fueron rematados con dos bises, los únicos de todo el festival: “Electric Worry” y “One Eye Dollar”. Ahora sí que podemos tararear “Vámonos, vámonos…”, expectantes a la próxima edición de este prometedor festival. Larga vida al Temples.

Texto de Tamara G. Cisneros
Ilustración y fotos de Andreu Zaragoza 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *