Be Prog! My Friend: el nacimiento de un nuevo culto

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Be Prog! My Friend. Fecha: 12 de julio. Espacio: Poble Espanyol de Barcelona. Promotor: Madness Live! Productions

Ha nacido un nuevo festival en la ciudad, aunque no un festival cualquiera. Han sido largos meses de espera para muchos de los fans de las distintas bandas (muchas de ellas cómodas con -cuando no definitorias de- la etiqueta “de culto”) que han conformado un cartel de altura.

Su estreno ha superado todas las expectativas, especialmente las artísticas, y todo ello en un Poble Espanyol reconocible pero casi desconocido, repleto de camisetas negras, y que se ha revelado como un espacio idóneo para conciertos de rock y metal de este formato, con ausencia de colas, abundancia de servicios y una localización cómoda y original.

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El ambiente de festival empezó a respirarse ya a primera hora de la tarde, con el característico sol de julio -y de todo festival veraniego que se precie- cayendo inmisericorde sobre la plaza mayor del recinto.

En el escenario, los británicos Antimatter intentaron defender sus oscuros medios tiempos en sintonía con los últimos Katatonia, la antítesis del clima imperante hecha música: desde “Redemption” y “Leaving Eden” hasta “Wide Awake in the Concrete Asylum”. Inspiradores.

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Tras ellos, los jóvenes TesseracT y su djent aumentaron los índices de contundencia de la tarde a base de afinaciones graves propias de unos Meshuggah, armonías á là Deftones y melodias vocales que basculan entre las maneras de un Maynard James Keenan y las voces rasgadas. El sonido fue dudoso aunque mejoró poco a poco, y su frontman Daniel Tompkins puso ganas y convenció a pesar de sus peculiares coreografías. “Enjoy the rest of the day, you lucky bastards!”, se despidió. Bien.

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Todo a punto para el trayecto astral de los franceses Alcest. Un viaje que no fue tal, principalmente por la dificultad de recrear en directo la atmósfera de sus discos. La luz y el sol, en este caso, jugaron aún más a la contra. Y es que su propuesta, con trazas de shoegaze y dream pop, funciona mucho mejor en club, terreno, incluso, en el que no logra reproducir los logros de sus discos.

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Dada la naturaleza de su música, por un momento uno podía imaginarse en alguna de las ediciones del Primavera Sound de hace más de una década, celebradas en este mismo emplazamiento. Bueno, faltaría una chica a los teclados. “Autre Temps”, “Souvenirs d’un Autre Monde” o “Percées de Lumière”, de su primerizo “Écailles de Lune”, con voces rotas, fueron lo más destacado de un setlist coronado por un bucle infinito.

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Lo de Fish fue otra historia. Aparentemente desubicados en las primeras notas, la banda gozó, junto a Opeth y salvando las distancias, del mejor sonido del festival. Clásicos, progresivos y sinfónicos en el sentido original del término, y con una legión de fans entregados en las primeras filas, la suya fue una actuación tan nostálgica como entrañable y efectiva. Mención aparte para su líder, Derek William Dick, algo justo de voz en ocasiones, pero carismático y sonriente maestro de ceremonias que corroboró aquello de que la veteranía es un grado.

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Los británicos Anathema eran, para muchos, la segunda banda de la noche, incluso la primera. Y no defraudaron. Eso sí, teniendo en cuenta la escasa hora de la que disponían, apostaron por un setlist, para mi gusto, demasiado apoyado en sus últimas entregas. Algo loable, demostrando así que confían plenamente en sus composiciones más recientes, si no fuera porque éstas, sin duda aventuradas e interesantes, no están a la altura de entregas anteriores.

En un festival hubiera funcionado aún mejor tirar de algunos clásicos más; por ello, el bis final con “Fragile Dreams” supo a gloria. Por el camino, sin embargo, supimos apreciar la inicial y emotiva “Untouchable Pt. 1”, el crescendo sci-fi de “Closer”, la nueva “The Lost Song Part 1” y los devaneos trip hop de “A Natural Disaster”, con una muy presente Lee Douglas como apoyo vocal. Siguen su particular viaje, y nosotros encantados de formar parte de ello.

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Y llegó el momento de los triunfadores absolutos de la noche: Opeth. Siempre he disfrutado con sus conciertos -por no hablar de sus discos-, pero esta vez alcanzaron un nivel superior. El impacto que nos produjeron no estuvo motivado únicamente por el contraste con los grupos anteriores. Tras su concierto en el Be Prog! podemos afirmar, por si quedaba alguna duda, que los suecos son una de las bandas de death metal más imaginativas, singulares y atractivas de la actualidad.

Con el simbólico árbol de la portada de “Heritage” como telón de fondo y la luna llena como foco más elevado, Mikael Akerfeldt, alternando voz limpia y gutural con pasmosa facilidad, lideró uno de los mejores conciertos que Opeth han ofrecido por aquí. La banda se mostró compacta, tan contundente como nítida y precisa; y su show resultó dinámico, variado y, en una palabra, soberbio.

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Akerfeldt hizo honor a su fama de showman, con perlas como: “Lo hicisteis muy bien en el Mundial de Fútbol, aunque no peor que Suecia”; o “nos han dicho que Manowar han hecho un gran concierto en Barcelona”, en referencia a la bochornosa actuación del grupo la semana anterior. “Venimos del death metal”, añadió antes de interpretar “You Suffer”, el hito grindcore de Napalm Death, de apenas un segundo de duración. Y presentó su propia “The Lines in My Hand” afirmando: “No es un clásico, pero quizás en doscientos años lo serà”.

Musicalmente, eso sí, lo suyo fue muy serio: el repertorio mostró su amplia paleta cromática, desde las brutales “Heir Apparent” y “Deliverance” hasta la más contemplativa “Hope Leaves”, la hipnótica “Atonement” –psicodelia pura-, una brillante “The Devil’s Orchard” o la final “Blackwater Park”. Enormes.

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Difícil papelón para Pain of Salvation, quienes cerraron la noche tras el impacto de Opeth y con una audiencia menguante aunque aún numerosa y entregada. Sonaron algo vacíos, sin la profundidad ni el cuerpo necesarios. Aún así, pudimos saborear sus intrincados y libérrimos devaneos melódicos y estructurales, toda una delícia para sus seguidores y poco menos que una inconnexa excentricidad para los neófitos, lo cual siempre es buena señal.

Una primera edición de notable alto y numerosos momentos para el recuerdo que ya cuenta con Ihsahn y Riverside como primeras confirmaciones para el 2015. ¿Quiénes completarán el cartel? Encabezan nuestra particular carta a los Reyes Magos Tool, Meshuggah y Dream Theater, aunque sean quienes sean y visto el buen criterio de sus programadores, repetiremos con los ojos cerrados.

Texto: David Sabaté. Fotos: Eduard Tuset
Crónica publicada en www.mondosonoro.com

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