Sitges 2014 (8): “It Follows”, catarsis stalker

"It Follows". Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

“It Follows”. Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

Se dejó caer en la penúltima jornada del Festival de Sitges. Simplemente se proyectó y dejó a un atestado auditorio enmudecido durante toda su presentación. Borró las sonrisas a los que horas antes habían sucumbido al delirio pinnípedo de Kevin Smith (“Tusk”) o la gran parodia vampiresca de Jemaine Clement y Taika Waititi en “What we do in the shadows”.  La cinta de David Robert Mitchell traía consigo un cine inescapable y casi perfecto. Toda una sorpresa.

Ambientada en una zona residencial de estudiantes en plena década de los ochenta, su sinopsis propone una maldición, un virus metafísico que se contagia a través del sexo. Sus síntomas rozan la psicosis: el infectado es acechado constantemente por individuos fantasmagóricos vestidos con ropa blanca. Para romper el hechizo, es necesario mantener relaciones sexuales y pasárselo a la pareja.

"It Follows". Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

“It Follows”. Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

Inicialmente, pese a poseer una trama simplista y vacua, el filme acaba por representar la filosofía vanguardista que devuelve al stalker en su esencia más minimalista, cercana al terror que se expone en la figura del zombie.

“It follows” persigue. Evidentemente, avanza por la pista que marcó el cine de Carpenter, Romero o Argento. Bebe de todos los ríos, torrentes y afluentes del cine de género; repite y rememora todos los arquetipos del terror teen, pero asombrosamente evita caer en el tedio. No inventa, sino que transforma, muta. Ejerce inteligencia narrativa altamente perturbadora, delimitando sus propias fronteras a través de una dirección brillante.

"It Follows". Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

“It Follows”. Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

Se trata de un filme maldito, como muchos de los que se proyectan anualmente en el festival, sin palmarés ni menciones especiales, que tiene todos los números para convertirse en película de culto.

Aunque su cuidada estética 100% ochentas, la interacción de la inquietante banda sonora a cargo de Rich Vreeland (aka Disasterpeace) y un elenco de actores liderado por una magnética Maika Monroe logren un conjunto sobresaliente, su propuesta se acerca demasiado al cine experimental, un género muy poco dado al éxito en salas convencionales. Lástima, pues estamos ante uno de los trabajos más arriesgados y efectivos de los que se puedan haber visionado en la última década.

Texto: Matías Bosch

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