“Interstellar”, encuentros en la quinta dimensión

"Interstellar". Fuente: www.nypost.com

“Interstellar”. Fuente: www.nypost.com

Christopher Nolan despierta odios y pasiones e “Interestellar”, la última pieza de su cada vez más personal y sólida obra, lejos de mitigar esta tendencia, parece agrandarla aún más.

Grande es también la ambición de sus proyectos: no contento con redefinir el cine de superhéroes con la brillante trilogía de Batman y con dar una nueva vuelta de tuerca a la narrativa menos convencional mediante piezas tan singulares como su debut, “Memento”, o el blockbuster de culto “Origen”, el realizador británico profundiza aquí en la ciencia ficción en estado puro para contarnos una tierna y atemporal (nunca mejor dicho) historia de amor.

"Interstellar". Fuente: www.blastr.com

“Interstellar”. Fuente: www.blastr.com

Aventura espacial y viaje interior de un padre a la búsqueda de nuevos planetas habitables y al reencuentro de su propia hija, “Interstellar” se desarrolla durante casi tres horas que pasan en un suspiro.

Una paradoja temporal como las que plantea un filme que ahonda en los misterios del continuo espacio-tiempo, en el imprevisible comportamiento de los denominados agujeros de gusano y en las leyes de la física cuántica con el justo rigor, sin caer en lecciones de astrofísica, pero dotando la aventura de un corpus teórico bien documentado. El resto, como indica el propio nombre del género, es (y debe ser) ficción.

"Interstellar". Fuente: www.interstellar-movie.com

“Interstellar”. Fuente: www.interstellar-movie.com

Como en la también reciente e inspiradora “Orígenes”, la cinta combina de forma convincente datos y teorías científicas con emociones e inquietudes universales con la misión de abordar preguntas a menudo sin respuesta  cuyas pistas se esconden más allá de los límites de la razón. En ese sentido, este deslumbrante viaje iniciático por mundos y enigmas que se nos escapan, nos obliga, como espectadores, a liberarnos de todo tipo de prejuicios.

En esa tábula rasa, ese lienzo en blanco cósmico y mental, encontramos no pocas referencias y aliados cinematográficos: desde las maneras de la reciente “Gravity“, la sensibilidad de Tarkovsky en “Solaris” o los planteamientos cuánticos imaginados por Carl Sagan y Robert Zemeckis en “Contact“, hasta la emoción y las relaciones paterno-filiales propias del cine de Steven Spielberg o, sobre todo, el universo creado por Stanley Kubrick en uno de los pilares del género, “2001: Una odisea del espacio”.

"Interstellar". Fuente: www.ign.com

“Interstellar”. Fuente: www.ign.com

Los guiños a ese gran clásico de 1968 son múltiples: la nave circular de la misión, la Endurance, girando sobre sí misma (aquí no hay Strauss, pero Hans Zimmer firma de nuevo una excelente banda sonora que lo acerca cada vez más a los maestros); el robot de la tripulación, un observador menos humano (y, por lo tanto, menos peligroso) que la inteligencia artificial creada por Arthur C. Clarke; o el increíble y heroico tramo final, culminado por esa escena del piloto Cooper suspendido en la ingravidez de una enigmática sala repleta de incomprensible y valiosa información, trasunto de aquella en la que David desconectaba progresivamente a HAL 9000 en el interior de su luminoso cerebro digital.

Sin embargo, “Interstellar” se desmarca conceptualmente de Kubrick y Spielberg para abrazar un enfoque más humanista que “2001: una odisea del espacio” o “Encuentros en la tercera fase”, donde se atribuía una explicación de naturaleza casi religiosa a lo desconocido.

"Interstellar". Fuente: www.interstellar-movie.com

“Interstellar”. Fuente: www.interstellar-movie.com

La cinta de Nolan sitúa al ser humano en el centro de la historia y al mando de su destino, planteando la conexión entre ciencia y fe, entre razón y corazón, ejemplificada en el inesperado y valiente monólogo de Anne Hathaway, que en manos de otros podría haber caído fácilmente en la cursilería.

Un binomio, física cuántica-historia de amor, con resonancias, incluso, de “La constante“, uno de los mejores capítulos de la serie “Perdidos“, aquél en el que las matemáticas posibilitaban el reencuentro de dos seres que se amaban por encima de cualquier obstáculo.

El papel, vital para la supervivencia, de la intuición y las emociones humanas constituye una de las claves de una cinta reveladora, fascinante, bella e inusual: una transformadora exploración de las estrellas y de nuestra razón de ser que retrata, por encima de todo, la búsqueda de aquello que nos hace únicos.

Texto: David Sabaté

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