“Birdman”, Iñárritu y Keaton vuelan alto

Michael Keaton, Naomi Watts y Zach Galifianakis. Fuente: www.latimes.com

Michael Keaton, Naomi Watts y Zach Galifianakis. Fuente: www.latimes.com

¿Quién le iba a decir a Michael Keaton que relanzaría su carrera a estas alturas? Y no, no ha sido por obra y magia de Quentin Tarantino, recuperador de talentos de los ochenta venidos a menos como Kurt Russell, John Travolta, David Carradine o Don Johnson, sino gracias a Alejandro González Iñárritu (“Amores perros”, “21 gramos”, “Babel”, “Biutiful”), que cambia de tono y registro para bien de todos nosotros.

En un pararelismo irónicamente creíble, el protagonista de las dos entregas del Batman de Tim Burton interpreta aquí a un actor popularizado por un ya lejano papel de superhéroe en la gran pantalla (el Birdman del título) y que intenta recuperar la fama y el prestigio, nunca consumado, dirigiendo y protagonizando la adaptación en Broadway de un texto de Raymond Carver.

Michael Keaton, por encima de la media. Fuente: Fox

Michael Keaton, por encima de la media. Fuente: Fox

El punto de partida le sirve al realizador para cambiar la solemnidad dramática de su anterior, aleccionadora y a menudo cargante filmografía por una comedia negra chispeante y con groove, como los alucinógenos solos de batería que ponen banda sonora a los hipnóticos movimientos de cámara. Un filme ágil, fresco y original, más en la forma que en el fondo, que cristaliza en su mejor película hasta la fecha.

"Birdman": Keaton es la estrella. Fuente: Fox

“Birdman”: Keaton es la estrella. Fuente: Fox

Planteada como un falso y único plano secuencia, como el de Hitchcock en “La soga”, la cinta nos sumerge en un continuum narrativo que mezcla humor, drama, realismo mágico y cierto eco al laberíntico juego de espejos de Michel Gondry.

En la superficie, la lucha del protagonista por recuperar la fama y el respeto, así como a su exmujer y a su hija; en el fondo, la batalla abierta entre un actor y su desmesurado y herido ego.

Fuente: www.los35milimetros.com

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Por el camino asistimos a una cínico ataque contra las superproducciones de Hollywood y su naturaleza mercantil frente a la esencia artística de lo autoral, una contraposición algo maniquea pero loable teniendo en cuenta su procedencia; al reduccionismo de cierta crítica como oficio execrable y más vacío, si cabe, que las vidas de los propios protagonistas; y a las relaciones paterno-filiales de un Keaton desmoronado y padre ausente de una hija drogadicta, una excelente Emma Stone que supera al resto de notables secundarios: desde un contenido Zach Galifianakis como sufrido representante del actor; a un Edward Norton excéntrico, caótico e imprevisible; pasando por una siempre acertada Naomi Watts.

Fuente: www.elseptimoarte.net

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Stone, más expresiva que nunca, brilla en su dramática discusión-monólogo con Keaton, así como en la atípica escena romántica junto a Norton en la azotea del teatro. Sin desmerecer a los demás, ella es la única que consigue mirar de tu a tu al protagonista, líder absoluto de la función, real y figurada, de un plantel espectacular. Su trabajo resulta, junto a la proeza técnica del no-montaje y un férreo guión de punzantes diálogos, lo más inspirador de una historia pequeña engrandecida con astucia, inventiva y marcado sello autoral.

Texto: David Sabaté

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