The Afghan Whigs, deuda saldada

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The Afghan Whigs. 
21-02-15. Sala Apolo (Barcelona). Promotor: Primavera Sound

Expectación máxima. La expresión les sonará manida, sobre todo por su abuso y consiguiente devaluación, pero se ajusta como un guante al ambiente que se podía respirar anoche en la barcelonesa sala Apolo. La ocasión lo merecía: uno de los grupos más influyentes (justamente reconocidos o no) del rock alternativo de los noventa volvía a los escenarios tras 16 años de silencio discográfico.

Da gusto, justamente por su escasez, presenciar retornos honestos respaldados por grandes discos, y el celebrado y excelente “Do to the Beast” lo es; contra todo pronóstico, ha contentado a sibaritas y a nuevos adeptos, y eso es mucho decir teniendo en cuenta el prolongado hiato y lo intenso de sus adhesiones.

En directo, los de Greg Dulli no se andan con rodeos; como si no hubieran pasado tres lustros desde su separación, algo que ya comprobamos en su paso por el festival Primavera Sound de 2012. Su rock de aristas, groove negroide y estallidos de melodía y electricidad se desplegó con toda su fulgurante intensidad desde el minuto uno.

La nueva “Parked Outside” rompió el silencio, con su sincopado medio tiempo de guitarra inflamada y contagiosa. No actuó como preámbulo ni peaje: sus temas más recientes aguantan perfectamente el tipo junto a clásicos como “Summer’s Kiss”, “Somethin’ Hot” (lo más parecido a un concentrado de feromonas hecho canción que encontrarán en el mercado) o “Gentlemen”, de avasalladora ejecución y uno de los momentos más contundentes de la noche.

Aunque el ritmo, la armonía y los matices siempre han sido pilares básicos en el sonido de los de Cincinnati, como se encargaron de recordarnos piezas más delicadas como la también nueva “Algiers”, capaz de erizar el vello al más disperso y hablador. Dulli ejerció de lo que es: el frontman imán de miradas y objetivos, malhumorado pero creíble, carismático y cercano; ya fuera blandiendo la guitarra, al teclado (como en la envolvente “It Kills”) o aporreando un tambor al borde del escenario.

Los focos blancos rebotando en la bola de espejos del techo y diseminándose por todo el recinto otorgaron un aire onírico a la parte central del show, pero, aunque a algunos les pareciera un sueño, su descarga fue muy real: orgánica, sudorosa, emotiva y sincera. Y al final, tras rescatar “Teenage Wristband” de The Twilight Singers y coronar la noche con la épica mesurada de “Faded”, tanto fans de largo recorrido como neófitos sonreían contagiados; una prueba más de su exitoso y justificado retorno. Deuda saldada y con nota.

Texto: David Sabaté / Foto: Silvia R. May
Crónica publicada en MondoSonoro

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