Por qué Iron Maiden es más que una banda

IRON MAIDEN ft Lauderdale 2010

Iron Maiden en 2015. Fuente: www.plus.google.com

Reconozco que, por motivos generacionales, me introduje tarde en el universo de Iron Maiden. No fue tarde para mi, ya que contaba con apenas nueve años, aunque lo hice mediante el último de sus grandes discos o clásicos imperecederos: Seventh Son of A Seventh Son. Anteriormente había escuchado Somewhere in Time y The Number of the Beast, sí, pero fue una escucha fugaz y me faltaban elementos para poder entenderlos y disfrutarlos como es debido. Aunque cuando cayó en mis manos la cinta de cassette del citado álbum, todo cambió.

Las primeras estrofas de Bruce Dickinson, con esos arreglos de corte medieval, y el posterior crescendo a golpe de sintetizadores -era la primera vez que los utilizaban- me abrieron los ojos a un nuevo mundo. Neon Knights de Black Sabbath, en paralelo, y el Black Album de Metallica, dos años después, harían el resto; pero la sensación de la primera vez con Iron Maiden quedó grabada en mi memoria de una forma especial.

'Seventh Son of a Seventh Son' de Iron Maiden.

Portada de ‘Seventh Son of a Seventh Son’ (1988). Fuente: amazon.com

Desde entonces, mis gustos musicales han ido creciendo y ampliándose, por supuesto, pero, de una forma u otra, Iron Maiden siempre vuelven; como acaban de hacer con The Book of Souls. O, mejor dicho, siempre han estado allí y nunca han fallado. Son como aquél reducto reconfortante al que regresar cuando las cosas van mal; aquél ejemplo de integridad que te recuerda que las cosas a menudo son como son más allá de los vaivenes y los caprichos del entorno -llámenle mercado, moda o dudosos líderes de opinión-.

Dejando a un lado la experiencia subjetiva y personal, la trayectoria de Iron Maiden impone respeto, no sólo por las cifras y los rankings, que también los hay. Por poner tan solo un ejemplo, The Number of the Beast (1982) ha sido considerado el mejor disco británico de los últimos 6o años, por delante de la obra de los Beatles y de Pink Floyd, como publica este artículo de Iron Maiden en la NME. Mientras que este otro de Vice, mucho más desenfadado -en su línea-, complementa a la perfección mis argumentos.

Portada de 'The Number of the Beast' (1982). Fuente: amazon.com

Portada de ‘The Number of the Beast’ (1982). Fuente: amazon.com

En cualquier caso, escucharles, más allá de la nostalgia adolescente del descubrimiento y de la épica adherida al ADN de gran parte de sus canciones, supone una estimulante, entretenida y gratificante experiencia musical. Las composiciones de Iron Maiden, desde el nervio de reminiscencias punk de sus orígenes junto a Paul di Anno hasta las derivaciones prog de sus últimos discos, supuran imaginación, frescura y calidad compositiva reconocida por cualquier compañero de profesión. De hecho, son responsables del mayor desarrollo del género, junto a Judas Priest, perpetrado bajo el paraguas de la crucial New Wave of British Heavy Metal.

El libro El sonido de la bestia. La historia del heavy metal, de Ian Christe, describe así el momento: “Mientras AC/DC y Black Sabbath seguían siendo primitivos, oscuros y brillantes, Def Leppard, Iron Maiden y Judas Priest convirtieron las armonías de guitarra mellizas en una ciencia aeroespacial, creando un vocabulario nuevo y gigantesco para el género” [1].

Ello no sería posible si hubieran sucumbido a las presiones iniciales de la industria. “A una primera versión de Maiden le habían ofrecido un contrato discográfico en 1976 si aceptaba ‘volverse punk’, pero Harris y compañía  se mantuvieron firmes, promoviendo sin cesar su propia carrera hasta que la industria se vio obligada a prestarles atención” [2]. Todo un ejemplo de integridad y perseverancia.

Line up clásico de Iron Maiden.

Iron Maiden en los ochenta, ya con Bruce Dickinson al frente. Fuente: taringa.net

Incluso Chuck Klosterman, con un discurso a menudo de vuelta de todo, reconoce en el entretenido e interesante ensayo Fargo Rock City que, en su momento, “Iron Maiden parecían más creíbles que la mayoría de sus coetáneos” y que “el grupo fue capaz de extraerle un tremendo kilometraje a su iconografía única” [3].

Tales afirmaciones nos hacen recordar que, por si no fuera suficiente con las canciones, Iron Maiden son algo más que música. Iron Maiden son sus directos -espectaculares, únicos y teatrales en el mejor y más artesanal de los sentidos-; son su mascota, Eddie, vista con infinidad de formas y mutaciones en pósters, portadas y merchandising; y son, por supuesto, sus fieles y apasionados seguidores, de veteranos jubilados con chispa en la mirada a adolescentes con guitarra a la espalda o padres de mediana edad con sus hijos a hombros luciendo orgullosos una gorra o camiseta de la banda.

Fans de Iron Maiden.

Fans en un concierto de Iron Maiden. Fuente: dopepicz.com

En relación a sus portadas, “Chuck D“, fundador del grupo de rap Public Enemy, de logo, portadas y camisetas igualmente icónicas, reconoce: “Toda esa idea de discos conceptuales de Public Enemy en realidad comenzó a partir de que el productor Hank Shocklee y yo quedamos asombrados por el hecho de que grupos como Iron Maiden pudieran desplegar una serie de conceptos en las cubiertas de sus álbumes” [4].

Paul di'Anno (izquierda), primer cantante del grupo, junto a Steve Harris. Fuente: wikimetal.com.br

Paul di’Anno (izquierda), primer cantante del grupo, junto a Steve Harris. Fuente: wikimetal.com.br

En cuanto a la gestación del popular Eddie, su creador, Derek Riggs, recuerda: “Lo diseñé cerca de un año y medio antes de que conocer a Iron Maiden, durante el movimiento del punk inglés de finales de los setenta y principios de los ochenta. Estaba experimentando con la idea de añadir simbolismo a la imágenes. Pensaba en la filosofía de la época y en la idea de que la sociedad estaba arruinando a la juventud. Cogí esa idea de la juventud arruinada y la encarné en Eddie”. Diseñado, en un principio, para la portada de un álbum punk, el primer Eddie tenía el pelo corto, naranja y hacia arriba. “La banda me pidió que le pusiera más pelo para que concordara un poco más con la escena del heavy metal” [5], añade Riggs.

Portada de 'Iron Maiden', primer disco de la banda.

Ilustración de Derek Riggs para la portada de ‘Iron Maiden’ (1980). Fuente: maidenthebeast.com

Para conocer más opiniones cualificadas sobre la banda, les recomiendo leer este artículo sobre Iron Maiden del blog musical Tremors, publicado con motivo de la última visita de la Dama de Hierro a Barcelona, en mayo de 2014; una recopilación de opiniones e impresiones sobre el grupo y lo que representa para muchos de sus seguidores, encabezada por el comentario de un servidor.

A todo esto, en los últimos años, figuras populares de todo pelaje y aparentemente a años luz de los británicos han aparecido públicamente luciendo camisetas de Iron Maiden. Entre ellas destaca el caso de Lady Gaga: declarada admiradora del heavy metal y elogiada por el padrino del shock rock Alice Cooper, su caso parece algo distinto a los de Miley Cyrus o Justin Bieber. De hecho, en su disco Born This Way (2011) se entrevén influencias del hard rock y el AOR de los ochenta, y la diva del pop ha aparecido en numerosas fotos junto a sus ídolos del género.

Bruce Dickinson en un concierto de 2012. Foto de John McMurtrie.

Bruce Dickinson, el frontman. Foto de John McMurtrie. Fuente: classicrock.net

En el otro extremo del espectro social, por alusiones, no podemos olvidarnos de todos aquellos que aún a día de hoy siguen profiriendo auténticas aberraciones sobre esta y otras bandas afines –fruto de una evidente y prejuiciosa incultura musical–; afirmaciones a menudo sustentadas por el status quo –miope, acomplejado y pretendidamente canónico– de cierta prensa musical.

A ellos parece especialmente dedicada la reflexión con la que el sociólogo Sam Dunn cierra su premiado documental Metal: A Headbanger’s Journey: “Desde que tenía doce años, tuve que defender mi amor por el heavy metal contra quienes lo calificaban de forma de música ‘barata’. Mi respuesta ahora es que o lo sientes o no. Si el metal no te provoca esa arrolladora sensación de poder y no hace que se te ericen los cabellos de la nuca, tal vez, nunca lo comprendas. ¿Y sabes qué? Eso está bien. Porque, a juzgar por los 40.000 metaleros que me rodean, estamos bastante bien sin ti” [6].

Tan solo podemos añadir tres palabras: Up the Irons!!!

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=Kzl49Itd-m8&w=600&h=315]
Iron Maiden acaba de publicar The Book Of Souls a través de Warner Music
Más información en www.ironmaiden.com

Bibliografía

  1. CHRISTE, Ian (2005). El sonido de la bestia. La historia del heavy metal. Ma Non Troppo / Robin Book, p. 80.
  2. CHRISTE, Ian, op. cit., p. 47.
  3. KLOSTERMAN, Chuck (2011). Fargo Rock City. Una odisea metalera en la Daköta del Nörte rural. Es Pop Ediciones, p. 181.
  4. CHRISTE, Ian, op. cit., p. 81.
  5. CHRISTE, Ian, op. cit., pp. 81-82.
  6. DUNN, Sam (2007), Metal: A Headbanger’s Journey. Cameo (Col. In-Edit Master Series).

2 Comments

    • Goliath Is Dead

      ¡Sin duda! De producción opaca y muy mejorable, ¡pero infinitamente infravalorado!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *