Sitges 2015 (4): ‘The Devil’s Candy’, the haunted made me do it

Ethan Embry en 'The Devil's Candy'

‘The Devil’s Candy’. Fuente: www.hollywoodreporter.com

Si nos paramos a pensarlo por un momento, resulta cuanto menos extraño que no se haya remarcado más en el pasado la connexión entre los géneros más potentes y crudos derivados del rock y los filmes de terror y violencia, más allá de bandas sonoras más bien comerciales (sobre todo de nu metal) poco conectadas con la historia narrada en los filmes en cuestión. Este año nos hemos encontrado felizmente con varios casos que apuntan justo todo lo contrario.

Hablamos de la obra de culto instantánea que es Green Room, protagonizada por un grupo de punk enfrentado a una panda de neonazis al ritmo de temas hardcore (entre los que se cuela el War Ensemble de Slayer); música diegética, justificada y plenamente integrada en el film. Es el caso, también, de la gamberra y divertida Deathgasm, plagada de referencias explícitas al heavy metal. Incluso cintas como Turbo Kid o The Final Girls incluyen piezas de hair metal y AOR de los ochenta.

El caso que nos ocupa, The Devil’s Candy, de Sean Byrne, del mismo modo que la citada Deathgasm pero con un registro bastante más serio, sitúa el metal como eje central de la historia; en su caso, a dos niveles: el terrenal, en el que el padre y la hija de la familia protagonista son metalheads; y el más abstracto o intangible, el de las voces y susurros que oyen en su cabeza algunos de los personajes de la cinta y que suenan al drone metal más infernal -no es casual que el protagonista luzca una camiseta de Sunn O))) en una de las escenas-.

Esa sinfonía del averno, real o no, ejerce, como en Lords of Salem de Rob Zombie, como conducto del mal y abre las puertas de un Infierno muy terrenal con trazos de american gothic, ecos a El Resplandor, mefistotélicos marchantes de arte, espectaculares lienzos a medio camino entre las Pinturas negras de Goya y la obra de H.R. Giger presente en Sitges 2015, por cierto, con el documental sobre su figura Dark Star: H.R. Giger’s World– y un aterrador maníaco con los rasgos de Pruitt Taylor Vince. Y todo ello mientras suenan a un volumen atronador las cortantes guitarras de Slayer, Metallica o Pantera.

Un acercamiento moderno y estéticamente cuidado a ambos géneros -el cinematográfico y el musical- ejecutado con pulso y evidente conocimiento de causa. Take a look to the sky just before you die…!

Texto: David Sabaté

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