Atari Teenage Riot, el ruido eterno

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Atari Teenage Riot + In Strict Confidence + Rome. 31-10-2015. Salamandra (L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona). Promotor: Eclipse Group  

El dark folk de Rome, con un set acústico para celebrar sus diez años de trayectoria, y el sensual electro industrial de In Strict Confidence, de corte elegante y espíritu gótico, fueron preparando de forma extraña pero sumamente efectiva -a modo de contraste,  como si de una espera dominada por la calma tensa se tratara- el vendaval que estaba a punto de tocar tierra en Salamandra.

Describir un concierto de Atari Teenage Riot es una empresa bastante complicada, por no decir imposible. Tienes que sentir las ráfagas de beats, las guitarras programadas y las furibundas proclamas de sus componentes retumbando en tus tímpanos, en tu caja torácica y bajo tus pies, como si el suelo de la sala se fuera a resquebrajar por la mitad en cualquier momento.

Tal es la contundencia de la propuesta de estos terroristas sonoros con mensaje anti fascista, anti capitalista, anti racista y contrario a cualquier tipo de injusticia social en su adn. Un alegato furibundo y desbocado, en forma de virulento concierto, que, sin embargo, no suena a la pesada sensación que provocan otras bandas políticas.

Atari Teenage Riot
no hablan apenas entre temas; hablan con sus temas. Una pequeña gran diferencia que convierte sus descargas en una experiencia física y potencialmente revolucionaria. Esto último depende ya de cada uno, aunque la experiencia, en sí misma, ya vale mucho la pena.

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Todo ello, por difícil que parezca, no está reñido con lo lúdico y lo celebratorio, como se encargaron de demostrar en piezas más o menos bailables, en especial pertenecientes a su último disco, Reset, como la que da título al álbum, ‘J1M1’, ‘Modern Liars’ (de pegadizo y chocante estribillo pop) o la más agresiva ‘Death Machine’, tan apta para mover los pies como para el headbanging. Más complicadas de seguir con el cuerpo resultaron las más extremas ‘No Remorse (I Wanna Die)’, fruto de su colaboración con Slayer, y ‘Revolution Action’, sencillamente incendiarias.

El resultado, liderado en buena parte por una gran Nic Endo capaz de ensombrecer al propio Alec Empire, fue una improvisada coreografía en la pista, donde la fiesta se combinó con arremolinados y veloces moshpits y proclamas sobre activismo social y desobediencia; eso sí, planteamientos abordados, en la mayoría de casos, con una amplia sonrisa, que es lo que les jode.

Menos intimidantes y arrolladores que en su recordada visita como teloneros de Nine Inch Nails, pero igualmente aplastantes, con mayores matices y, a fin de cuentas, más disfrutables.

Texto: David Sabaté / Fotos: Eduard Tuset

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