Roadburn 2016 (Día 4): Amenra y Buried at Sea sellan un Afterburner colosal

Green Carnation en Roadburn 2016. Foto de Eduard Tuset.

Green Carnation en Roadburn 2016. Foto de Eduard Tuset.

Tradicionalmente, la última jornada del Roadburn Festival constituye el apéndice, el epílogo, el regalo final, el tema escondido, el bonus track… ¡y menudo bonus track! El también denominado Afterburner contó con no pocos atractivos. Arrancó la tarde con la épica bien entendida de Green Carnation, prog metal tremendamente personal y repleto de matices que entrelaza heavy, prog y death con guitarras pesadas, desarrollos imprevisibles y un empaque final sólido y diferencial.

El grupo sorpresa, anunciado la tarde anterior, fue The Vintage Caravan, quienes llenaron el pequeño bar musical Cul de Sac, a pocos metros de las salas principales, de hipervitaminado hard rock setentero. Casi a la misma hora, Mirrors for Psychic Warfare, enésimo proyecto del prolífico Scott Kelly, nos obsequió con una sinuosa montaña rusa de ruidos sampleados sobrevolados por notas de guitarra sostenidas y la lúgubre e inconfundible voz del cantante de Neurosis.

No habíamos tenido ocasión de escuchar antes a Blind Idiot God y lo cierto es que su directo supuso una grata sorpresa. El trío nos sacudió con su expansiva psicodelia cósmica, salpicada de acordes derivativos y punteos atonales sobre un bajo rocoso, monolítico y grasiento, y una batería con ecos concéntricos. En definitiva, una jam con todas las letras, de sonido grandioso y efectos hipnóticos.

Mirrors for Psychic Warfare en Roadburn 2016. Foto de Eduard Tuset.

Mirrors for Psychic Warfare en Roadburn 2016. Foto de Eduard Tuset.

Cambio de tercio con Jakob. Su post rock potente, robusto y sólido como una montaña de diez mil metros de altura destila clase y evidencia un considerable background. Sus numerosas conexiones con las coordenadas de Explosions in the Sky casaron a la perfección con las proyecciones de bosques y lagos y una sucesión de fuzz, ritmos tribales y estallidos de volumen. Nada nuevo, pero ejecutado con temple y oficio. Ribetearon su setlist felicitando a Neurosis por sus 30 años de trayectoria. “It’s fucking amazing”, remataron.

Static Visions se presentaron con sombreros a lo cowboy, ritmo ágil con proyecciones lisérgicas, fogonazos de blues, voces rascadas y solos endiablados batiéndose en duelo con saxos no menos atípicos. Como una locomotora de tren avanzando en llamas y sin frenos hacia el final de una vía muerta.

Amenra en Roadburn 2016. Foto de Eduard Tuset.

Amenra en Roadburn 2016. Foto de Eduard Tuset.

Recortados ante una enorme pantalla con árboles y cruces que parecía engullirlos, Amenra firmaron una de las descargas más intensas de todo el festival. Si han tenido ocasión de verles en directo, sabrán a lo que me refiero. La solemnidad y calma tensa de sus introducciones y crescendos marca de la casa, entre lo místico y lo brutal, entre la luz y la oscuridad intrínsecas en la naturaleza humana, terminan estallando en enormes e inabarcables bolas rodantes de riffs como edificios derrumbándose.

Sus altibajos, como si un grupo de post rock hubiera perdido el control -sólo en apariencia- de sus amplificadores y pedaleras al tiempo que tocan a cámara lenta, se mantienen conectados en perfecta armonía por una suerte de fuerza invisible, irrompible y paradójicamente serena que ejerce de simbólica columna vertebral a su pagana celebración musical. Casi irreales y solemnes como pocos.

Steve Von Till en la segunda noche de Neurosis en Roadburn 2016. Foto de Eduard Tuset.

Steve Von Till en la segunda noche de Neurosis en Roadburn 2016. Foto de Eduard Tuset.

Tras ellos, tan solo una banda como Neurosis podía elevar aún más el podio de calidad y poder escénico. Para la que fue su segunda noche, los de Oakland se reservaron unas cuantas de sus piezas más ambientales (‘The Tide’), sin dejar de lado, eso sí, unos cuantos retazos de metal vanguardista de penúltima generación.

Lamentablemente, sufrieron algunos problemas técnicos que obligaron a parar la actuación varios minutos tras el primer tema, y así sucesivamente entre los distintos cortes. Un lastre del que el concierto, acostumbrados como estábamos a sus retahílas de canciones sin pausa, se resintió notablemente.

Buried at Sea en Roadburn 2016. Foto de Eduard Tuset.

Buried at Sea en Roadburn 2016. Foto de Eduard Tuset.

Como en el concierto del día anterior, rescataron algunos de sus ráfagas de primigenio punk rock, aunque prevalecieron los downtempo. Composiciones maestras como ‘We All Rage in Gold’, ‘Locust Star’ o la final ‘The Doorway’ pusieron, por suerte, las cosas en su lugar borrando de un plumazo todo posible error terrenal.

El sludge monolítico de Buried at Sea fue el broche final, una despedida magistral de emociones no menos intensas que, ironía, vino firmada por un retorno. Tras lustros sin actividad conocida, la banda se mostró sorprendentemente en forma, tocando casi íntegramente a contraluz y disparando bucles en espiral de guitarrazos arrastrados, como si una grieta inmensa se estuviera abriendo bajo nuestros pies dejando emerger a borbotones litros y litros de lava y azufre.

Texto: David Sabaté / Fotos: Eduard Tuset

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