‘Todos queremos algo’: Linklater convierte en cine la nostalgia de lo (no) vivido

Todos queremos algo

El verano del amor. Fuente: www.elantepenultimomohicano.com

Suena a tópico, pero lo que en manos de otros realizadores podrían haberse convertido, muy probablemente, en historias o incluso en una manera pretenciosa de ver y enfocar el cine, adopta en manos de Richard Linklater un tono profundo y conmovedor con aparente naturalidad y sencillez. El director de la trilogía de Jesse y Céline -también conocida como Before Trilogy– nos tenía acostumbrados, a tenor de sus filmes más inmediatos, a dilatar el tiempo hasta límites insospechados, ya fuera con episódicos fragmentos de una emotiva relación de pareja suspendida en el tiempo, separados cada uno de ellos por nueve años, como en la citada trilogía; o bien mediante esa épica proeza de producción -y de cine- que representa Boyhood, doce años filmados en la vida de un niño y sus padres que emociona sin necesidad de grandes gesticulaciones ni manierismos dramáticos.

En la cinta que nos ocupa, aún sin dejar de lado la obsesión del realizador por captar y reflexionar sobre el paso del tiempo y sus efectos, ocurre todo lo contrario: Linklater invierte la mecánica como un quimérico mago con el súper poder de alterar el tiempo y ralentiza la realidad concentrando la acción de esta Todos queremos algo en un solo fin de semana, concretamente, el anterior al inicio de las clases en la universidad tras un largo verano. En ese sentido, la cinta ejerce de secuela espiritual de su primeriza Movida del 76, que narra un único día en la vida de varios estudiantes de instituto, y, a la vez, se declara como una heredera conceptual de la citada Boyhood, retomando su final abierto e ilusionante -el paso de su protagonista a la edad adulta, dejándolo a las puertas del inicio de la universidad-.

Todos queremos algo

Conversación en el asiento trasero del coche, plano recurrente de Linklater. Fuente: www.updateordie.com

Lo asombroso, y ahí radica gran parte del talento de Linklater y del valor de esta película, es que, una vez más, logra sintonizar con cada uno de nosotros contando detalles triviales del día a día de sus personajes, alcanzando a dibujar, a partir de un envoltorio en apariencia tan lúdico como banal, una especie de radiografía de la vida tal y como es -o como fue, quizás algo idealizada por la distancia- y, mayor mérito aún, logrando que nos identifiquemos y conectemos emocionalmente con unos personajes que, a priori, poco deberían tener en común con nosotros: en este caso, un equipo de jugadores de béisbol concentrados en una misma casa donde se sucederán todo tipo de bromas, reflexiones (o, mejor dicho, divagaciones) y, lo más importante, fiestas (pre)universitarias.

El resultado es sumamente creíble por varios motivos: desde la fotografía y el diseño de vestuario y de producción; pasando por el excelente casting, con Blake Jenner al frente, en la piel del memorable personaje del pitcher introvertido, alter ego del propio director-; hasta las cuidadas referencias, explícitas en los diálogos o bien musicales -de nuevo, Linklater corrobora su ya conocida condición de melómano-.

Sin haber sido postadolescente a principios de los ochenta ni gustarte para nada el béisbol, en el fondo, un detalle anecdótico -el grupo protagonista podría haber sido un grupo de música o los miembros de un club de poesía y la historia habría funcionado igualmente-, uno se encariña rápido con sus personajes y, sobre todo, con la vibración que se respira en el ambiente de sus acciones cotidianas: la emoción propia de un momento crucial en sus (nuestras) vidas, aquél en el que la paleta de posibilidades vitales se abre de par en par ante nuestros ojos sin, a menudo, ser conscientes de ello hasta pasados los años. Una emoción que puede ser, también, como la vida y el cine, una mera ilusión: la encrucijada vital se reproduce a cada instante y el presente puede ganarle siempre el partido a la nostalgia de un pasado que, quizás, no fue exactamente como nos gusta recordar.

Texto: David Sabaté

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Goliath Is Dead

Goliath Is Dead es un blog centrado en el rock alternativo y el metal en todas sus vertientes, así como en el cine de género (fantástico, terror, serie B) y las películas de culto. También nos inspiran el artwork y los libros.
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