‘Blood Father’, camino a la redención

'Blood Father', de Jean-François Richet

Mel Gibson, padre coraje. Fuente: smokingbarrels.blog.hu

Ver a estas alturas a Mel Gibson interpretando de forma convincente a un padre de pasado turbulento al cuidado de su hija en serios problemas es casi o más sorprendente que el progenitor interpretado por Arnold Swarzenegger en Maggie, aunque allí su hija fuera víctima de un virus zombie y aquí los malos formen parte de un cártel mexicano.

No, no estamos ante una película de ciencia ficción, aunque las escasas pero muy bien ejecutadas escenas de acción -en especial la persecución en moto- remitan tanto a las Mad Max del propio Gibson como a la secuela de Terminator, del citado Arnie, aunque también a dramas paterno-filiales (o casi) como la apocalíptica These Final Hours.

La materia prima aquí servida, basada en la novela homónima de Peter Craig, pertenece mucho más al terreno dramático que al de las action movies al uso, aspecto respetado por esta adaptación coescrita por el propio Craig que, sin embargo, invierte el peso de los personajes de padre e hija para dar mayor empaque y profundidad a un Gibson que a menudo parece estar interpretándose a sí mismo: un outsider huraño, ex alcohólico y con un problemático pasado con la justicia que, ya rehabilitado -aquí empieza la ficción- deberá enfrentarse de nuevo a sus demonios, atizados por los serios problemas que arrastra su reencontrada hija, desaparecida tiempo atrás.

'Blood Father'

Mel “Mad Max” Gibson, on the road again. Fuente: www.yahoo.com

El personaje interpretado por el director de Braveheart, La pasión de Cristo y Apocalypto parece servir de vehículo al propio actor para redimirse públicamente ante un Hollywood que aún no le ha perdonado sus excesos y salidas de tono. Una doble lectura que añade enjundia a una cinta, que, por otra parte, funciona por sí misma como una automática bien engrasada.

Aunque es justo reconocer el oficio y notable peso del realizador francés Jean-François Richet (Mesrine, el remake de Asalto al distrito 13), Gibson sustenta en buena parte la función -el resto de personajes resultan bastante planos, en especial los villanos-. Un trabajo que probablemente no hallará recompensa ni redención por parte de los académicos -tampoco estamos hablando aquí de un papel de Oscar-, pero que eleva el interés de este medido recital de violencia latente que se muestra en toda su crudeza en puntuales estallidos, tan contenidos como secos, dolorosos y enmudecedores.

Texto: David Sabaté

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