Sitges 2016 (1): ‘The Void’, bastardos de Carpenter, Lovecraft y Barker

'The Void'. Sitges 2016

‘The Void’. Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

La producción canadiense The Void llegaba a Sitges precedida por una notable expectación, animada por las comparaciones con el mejor Carpenter y la a priori sugerente ecuación de criaturas multiformes y sectas satánicas.

La cosa empieza bien (les prometo que no es un juego de palabras): un policía local con un sentido del deber particular acompaña de urgencia a un drogadicto con síndrome de abstinencia encontrado en una cuneta hasta un hospital de pueblo con poco personal y recursos. Obviamente allí todos se conocen: la (ex)mujer del teniente es una de las enfermeras, y el veterano médico al cargo fue incapaz de evitar un aborto de la pareja en el pasado.

Pronto los terrores se volverán más serios (si cabe): una asistenta se automutila la cara tras acuchillar a un enfermo y este empieza a expulsar tentáculos por los ojos y el rostro –Carpenter puro-; y, por si fuera poco, unos misteriosos encapuchados con túnica blanca rodean el edificio, al que llegan dos pistoleros con sed de venganza. Hasta aquí todo correcto: un western encubierto –al estilo Asalto a la comisaría del distrito 13– en el que los demonios personales de la pareja protagonista parecen mezclarse con su encarnación física en el mundo “real”.

'The Void'. Sitges 2016

‘The Void’. Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

La cinta cuenta con una estudiada y efectiva estética de serie b –aunque sus imágenes cósmicas del otro mundo, en sintonía con ciertos pasajes de Prometheus, denoten un mayor presupuesto-, y unos efectos especiales artesanales en la tradición del popular sello del director de Están vivos. De hecho, los monstruos en expansión parecen un homenaje explícito a La cosa. Especialmente acertada resulta la escena de caza y ensañamiento con la criatura en un pasillo de fluorescentes intermitentes: radicalmente gore y con una ecuación de iluminación y montaje ejemplar.

El principal problema, sin embargo, y tal como han reconocido sus directores al presentar el filme este sábado en el Auditori (“no sabríamos explicaros de qué va la película”), es que The Void quiere ser muchas cosas. En su segunda mitad, la historia se empieza a complicar añadiendo demasiados temas y líneas abiertas, que van de los rituales satánicos a las formas de vida extraterrestres, los experimentos médicos más perversos, las dimensiones paralelas y multitud de referencias estéticas que van de Hellraiser a La mosca de Cronenberg, en lo que al diseño de una de las lovecraftianas criaturas se refiere.

Una lástima que sus realizadores, Jeremy GillespieSteven Kostanski, que también firman el guión, se pierdan entre tanta referencia mostrando un enorme conocimiento del género, como consiguen exhibir en sus minutos iniciales. Esperemos que en su próxima entrega logren afinar un poco más.

Texto: David Sabaté

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