Sitges 2016 (3): ‘Melanie. The Girl with All the Gifts’, hija de los hombres

'Melanie. The Girl with All the Gifts'

‘Melanie. The Girl with All the Gifts’. Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

Ocurre casi siempre: una película de entre muchas empieza no solo bien, sino muy bien; pero solo una entre estas pocas mantiene la apuesta inicial a la altura de las expectativas. Da especial rabia constatarlo cuando el arranque es tan bueno como el de Melanie. The Girl with All the Gifts: un cruce, por resumirlo a grandes rasgos, entre la distopía zombie de la también británica 28 días después; la sensible Maggie, en la que Arnold Swarzenegger encarna al padre de una adolescente infectada; Hijos de los hombres, en la que una niña posee en sus genes la clave para salvar el mundo del Apocalipsis; y ¿Quién puede matar a un niño?, clásico patrio de Narciso Ibáñez Serrador, por razones que ya apunta su título.

Desde el angustioso travelling inicial que sigue a un soldado conduciendo a una niña atada en una silla de ruedas por los oscuros pasillos de un búnker-laboratorio de máxima seguridad, hasta la discutida escena final, asistimos a un largo recorrido.

'Melanie. The Girl with All the Gifts'

‘Melanie. The Girl with All the Gifts’. Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

Su primera etapa resulta apasionante al combinar un acercamiento ligeramente novedoso y fresco al cine de zombies, un subgénero explotado hasta la náusea; apuntes evolucionistas y mitológicos –las justificadas referencias a la Caja de Pandora-; emoción –el cuento que lee en voz alta en clase la niña protagonista, una excelente Sennia Nanua, Premio a la Mejor Interpretación Femenina, que logra eclipsar a la mismísima Glenn Close-; y tensión y espectacularidad, concentrados en un vigoroso plano secuencia que remite al de la citada Children of Men sin caer en la estética del videojuego.

El problema –tan habitual- llega en la segunda mitad: la acción deriva hacia una película de zombies más, con menos inventiva visual, algo de Walking Dead y una evolución más rutinaria; algo que no ocurre, por ejemplo, en el caso de la excelente Train to Busan, una de las mejores películas de zombies vista en los últimos años.

Ello no la convierte de facto en una mala película, el cómputo global sigue en la zona alta de la clasificación, y el desenlace, aunque desconcierte por inesperado y por su inverosimilitud teñida de humor negro, entronca con la naturaleza y el planteamiento de la historia; una más cercana y creíble de lo habitual que se queda en el notable alto cuando podría aspirar a matrícula de honor.

Texto: David Sabaté 

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