‘La doncella’, sensual y esteticista juego de espejos

The Handmaiden

‘The Handmaiden’. Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

Hay directores que parecen permanecer por encima del bien y del mal hagan lo que hagan; y entre estos, encontramos unos pocos que realmente merecen alcanzar ese estatus. Si deben o no cuestionarse sus nuevos trabajos al margen de su obra pretérita daría para otro artículo, pero no cabe duda que el surcoreano Park Chan-wook, ensalzado a raíz de su popular Old Boy (remake americano incluido), ha tenido desde entonces una carrera siempre notable aunque irregular.

Entre aquella retorcida historia, segundo capítulo de su conocida como trilogía de la venganza, y esta The Handmaiden (La doncella) el realizador ha conreado proyectos y géneros muy variados, una paleta que ha cultivado, por lo general, con elevada nota. Es el caso de la desconcertante pero tierna y mágica I’m a Cyborg, but that’s OK, y, en menor medida, sus dos producciones posteriores: la vampírica Thirst y su oscura incursión hollywoodiense Stoker.

The Handmaiden

‘The Handmaiden’. Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

En La doncella, el realizador recupera el pulso narrativo, algo desorientado en sus entregas previas, para dibujar una historia que en realidad son tres, ya que cada uno de sus tres actos está explicado desde el punto de vista de cada uno de sus protagonistas. Una focalización múltiple a lo Rashomon, de Akira Kurosawa, que invita al juego y a intentar descifrar cada detalle, cada gesto, cada pista, para descubrir de la mano de los personajes y a su mismo tiempo las claves del misterio, del amor, del dolor.

Y es que, en cierto modo, hemos mentido: The Handmaiden es más que tres historias: la película combina tonos y géneros tan dispares como el drama de época, el erotismo lésbico, el thriller, el apunte social o el terror psicológico. Lo consigue  ensamblar, casi siempre, con estilo y coherencia, aunque lo más truculento patine ligeramente en el clímax final.

The Handmaiden

‘The Handmaiden’. Fuente: www.sitgesfilmfestival.com

Nadie es infalible, tampoco Park Chan-wook, quien se excede ligeramente de metraje en un tercer acto que acaba resultando el más débil; pero el autor compensa, en parte, esa pequeña imperfección con una demostración de maestría fílmica formal al alcance de pocos que percibimos en cada plano, en cada encuadre, en cada mirada de sus personajes.

La historia de amor y seducción de sus dos protagonistas femeninas, el otro punto fuerte de la historia, se nos muestra con un contagioso y excitante in crescendo que anticipa de forma inteligente la pasión y el placer, convirtiendo cualquier objeto y matiz en símbolo y fetiche sexual. Un detonador sensorial con cuenta atrás que parece encarnar en las actrices Kim Min-hee y Kim Tae-ri la espectacular paleta cromática del conjunto, casi pictórica, inflamada por una radiante fotografía ante la que es imposible no claudicar.

Texto: David Sabaté

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