‘El bar’, la conspiranoia cañí de Álex de la Iglesia

'El bar', de Álex de la Iglesia

Algo se esconde en ‘El bar’. Fuente: hobbyconsolas.com

Nos hemos acostumbrado ya a que las películas de Álex de la Iglesia nos dejen un sabor de boca agridulce: el realizador bilbaíno mantiene estilo y poderío visual y sabe manejar (por lo general) escenas y personajes, pero suele flaquear en el desarrollo de sus historias, en especial en su tercio final, por muy acompañado que esté de su co-guionista habitual Jorge Guerricaechevarría.

Quizás por ello, las secuelas del menú -copioso y grasiento como las paredes del bar del título, sí, pero también sabroso- son otras un poco distintas. El aperitivo se ataca con hambre y sorpresa: un arranque con brío y fluidez, plano secuencia mediante, que presenta a los personajes de forma brillante. El ritmo endiablado -y el apetito- se mantiene con las sucesivas tapas: un primer tercio muy entretenido que plantea sospechas cambiantes, como en un cruce de Diez negritos más Los odiosos ocho cañí realmente logrado y divertido.

Para cuando llegan las medias raciones -el ecuador del filme- empezamos a notar una ligera pesadez en el estómago. Es momento para que aflore de forma poco sutil cierto olor a refrito: el subtexto (las situaciones límite sacan lo peor de nosotros mismos, los pobres pierden) emerge de forma abrupta, pero el sabor final es tan adictivo que nos invita a seguir comiendo: la combinación de humor negro marca de la casa, costumbrismo, conspiranoia y thriller asfixiante convergen de forma natural.

El tercio final de El bar, más focalizado que en anteriores ocasiones, nos permite saborear los dulces sin rincón ya en nuestros castigados estómagos, casi por vicio. A estas alturas, las alianzas entre personajes empiezan a resultar algo arbitrarias -todos quieren sobrevivir-, pero tampoco hay que buscarle tres pies al gato: estamos ante una cinta de género gamberra, bruta y estridente; no ante una película de arte y ensayo o una sesuda tesina sociológica, aunque de paso El bar dispare algunos certeros puñetazos a la hipocresía y podredumbre imperantes, tan sonoros como las bofetadas que reparte Terele Pávez. La veterana actriz está fenomenal, como de costumbre, aunque sus minutos en pantalla se hacen cortos. Un mérito compartido con Secun de la Rosa y por un irreconocible Jaime Ordóñez, a pesar de que sobren algunas de sus citas bíblicas.

Sin llegar a la altura de algunas de sus mejores obras, como El día de la bestia o La comunidad, El bar es una de las mejores películas de Álex de la Iglesia en años. Quizás no elijamos el mismo menú en nuestra cita más ansiada, pero repetiremos seguro.

Texto: David Sabaté
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David Sabaté

Periodista cultural, colaborador de Mondo Sonoro desde 2001 y apasionado del cine, los libros y la música. Ha pasado por medios como El Periódico de Catalunya, Rockzone o Catalunya Ràdio. Filias: David Bowie, Black Sabbath, John Carpenter y el Festival de Cine de Sitges, al que acude desde que tiene memoria.
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2 Comments

    • Goliath is Dead

      En la línia. Potser no és tan rodona, però es entretinguda i té bastanta mala baba 🙂

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