8.5

Mastodon. ‘Emperor of Sand’

Mastodon. 'Emperor of Sand'

Portada de ‘Emperor of Sand’. Fuente: tinymixtapes.com

Mastodon. Emperor of Sand (Reprise Records)

Por fin tenemos entre las manos el nuevo álbum de Mastodon, Emperor of Sand, esperado por muchos -entre los que me incluyo- y temido por otros tantos. Aunque sus discos requieren reposo y perspectiva, lo he sometido a las suficientes escuchas en las últimas 24 horas como para intentar sacar algo en claro. Estas son, canción por canción, mis primeras impresiones.

El disco se abre con dos de los avances que ya conocíamos, ‘Sultan’s Course’, potente y extraño pero fascinante a partes iguales. Un corte que no engancha a la primera pero que recupera cierta querencia prog y una dureza que, combinadas, remiten a la esencia de Crack the Skye, aunque en un formato reconcentrado.

‘Show Yourself’ irrumpe vacilona, desafiante, orgullosa. Como ‘The Motherload’, de su anterior Once More Round the Sun y también segundo corte del álbum, dibuja otro camino posible para el disco, próximo al aura de unos Queens of the Stone Age, más lúdico, contagioso y potencialmente comercial, que se impondrá en su primera mitad.

‘Precious Stones’ es otro derechazo pegadizo que te mantiene en lo alto, como hacía el tema título de su anterior entrega, con medios tiempos noqueantes preñados de melodía -la frase don’t waste your time encaja a la perfección con sus armonías en pico- y un pasaje instrumental en su parte central 100% heavy metal; un sentimiento que contagia su endiablado solo de guitarra final.

‘Steambreather’, por su parte, arranca densa y algo más lenta para revelarse pronto como otro estallido de luz y sonido en el que las voces oscilan cercanas a Alice in Chains para regalarnos estribillos más accesibles. El verso I’m afraid of myself resuena segundos después de su fin. ‘Roots Remain’ intenta combinar las dos sensibilidades más pronunciadas del grupo, alternando riffs endiablados y puentes de voces limpias. Es en su desenlace, sin embargo, donde muestran su mejor cara: se impone lo melancólico y oscuro con arpegios inesperados y frágiles arreglos de voz y piano.

‘Word to the Wise’ recupera el trote rítmico y guitarrero marca de la casa, los medios tiempos intrincados y algunas armonías dobladas. Logra un conjunto sólido y envolvente pero de melodías algo más apagadas.

En ‘Ancient Kingdom’, Mastodon se nos presentan de nuevo desenvueltos en el terreno de los medios tiempos marcados y enérgicos combinados con puentes y estribillos limpios y con vocación de perdurabilidad; suyo es una de las partes vocales más poderosas del disco, una alternancia Sanders-Hinds que, al compás de unas evocadoras campanas, transmite júbilo y pesadumbre al mismo tiempo.

Por el mismo terreno pisa fuerte ‘Clandestinity’, con unos irresistibles sintetizadores muy sci-fi, aunque a estas alturas empieza a echarse algo de menos la variedad de la que presumía The Hunter. La sensación se acentúa con ‘Andromeda’, último y más flojo de los singles del álbum, aunque siga siendo un tema de tremenda fluidez y acabados que marcan la diferencia. Su título remite a una galaxia (aunque bien podrían haber utilizado una constelación con nombre de enfermedad que empieza por ‘c’ y termina por ‘r’). En él destaca un repunte de la agresividad, gracias, en parte, a la colaboración de Kevin Sharp de Brutal Truth.

‘Scorpion Breath’ supone el penúltimo rugido de la bestia, más violento y algo desencantado, si me lo permiten, antes de abordar el último aliento del viaje. La canción supone la enésima colaboración de Scott Kelly de Neurosis con la banda, y, aunque potente y compacto, suena demasiado al propio pasado de Mastodon.

Y así llegamos a la última parada del trayecto, ‘Jaguar God’, sencillamente, una puta maravilla: un compendio de ocho minutos de todo lo que Mastodon son a día de hoy; desde el onírico arranque acústico en la onda de ‘The Sparrow’, pasando por medios tiempos intrincados, el acelerón de su abigarrado tercer acto, y un epílogo bello y triste que entronca con su arranque y en cuyo cierre sobrevuela una fantasmagórica carcajada propia de un irónico saco de la risa.

Como si quisieran quitarle solemnidad a la pequeña pieza maestra con la que cierran el disco, o como si se rieran de todos los males -reales y terribles- que han inspirado estas nuevas composiciones. De nuevo, la enfermedad y el drama parecen sublimarse a través del arte. Y otra vez resuena en nuestras cabezas, cual mantra, el verso que oíamos al principio, don’t waste your time. No somos nada, puede, pero solo cabe reírnos de ello y exprimir al máximo cada minuto de nuestra existencia.

Author

David Sabaté

Periodista cultural, colaborador de Mondo Sonoro desde 2001 y apasionado del cine, los libros y la música. Ha pasado por medios como El Periódico de Catalunya, Rockzone o Catalunya Ràdio. Filias: David Bowie, Black Sabbath, John Carpenter y el Festival de Cine de Sitges, al que acude desde que tiene memoria.
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