‘Alien: Covenant’, el terror sí tiene forma

Alien: Covenant

Alien: Covenant. Fuente: slashfilm.com

Hace cinco años, Ridley Scott volvía con Prometheus al universo que creó hace cuatro décadas con Alien, el octavo pasajero (1979). La cinta recibió bastantes más varapalos que alabanzas, casi inexistentes o realizadas en voz baja, aunque con el tiempo ha sido reivindicada. A quien esto escribe no le pareció tan mal en su momento, al contrario: es cierto que se perdía un poco entre sus, por otra parte interesantes, reflexiones filosóficas sobre el creacionismo y otros temas colindantes, pero suponía un loable y valiente ejercicio de imaginación y un intento de desligarse de la losa del propio legado sin darle la espalda. Por no hablar de su arrolladora fuerza visual.

Todo ello se mantiene en esta nueva Alien: Covenant. Los discursos elevados siguen ahí, aunque no siempre funcionen. Sí lo hace el prólogo a modo de onírico flashback, con el androide David (Michael Fassbender) dialogando con su creador (Guy Pearce) en un espacioso y aséptico salón con vistas a la naturaleza. Un momento que raya lo pretencioso pero que se salva por su fuerza estética y por su fondo: las ansias por saber de dónde venimos y cuál es nuestro papel en este mundo (o en otros) en boca de un androide, al más puro estilo de los replicantes de Scott en Blade Runner.

Alien: Covenant

Alien: Covenant. Foto: screenrant.com

Ahí radica el subtexto básico, para bien y para mal, que nutre esta nueva etapa de la saga. Aceptarlo es poder disfrutar de la cinta y entrar en el juego que nos propone Scott, al fin y la cabo, el creador de todo esto. Aunque no siempre es fácil.

Encajar ese discurso con el regreso a la acción y el terror que proponían las primeras entregas de la franquicia debe haber sido, para sus guionistas –entre ellos John Logan, quien ya había trabajado con Scott en cintas como Gladiator–, una pesadilla equiparable a la que sufre la tripulación de la nave Covenant del título.

Serie B con presupuesto

La hemoglobina y el pánico regresan aquí por la puerta grande, de forma abrupta, perturbadora y más violenta –si cabe– que en sus orígenes. Curiosamente es en este terreno donde la cinta se disfruta más: cuando adopta el espíritu y la forma de una serie B con anabolizantes, creando un extraño pero efectivo resultado en el que espeluznantes momentos gore conviven con un presupuesto de major. En este sentido, la escena del primer infectado en la enfermería resulta brutal y espeluznante, la primera y probablemente mejor de las escenas shock de la cinta. No llega al impacto del “parto” de la primera Alien, pero, como el auto-aborto de Prometheus, acojona bastante.

Alien: Covenant

Alien: Covenant. Fuente: cinescopia.com

¿Cómo combinar semejantes atrocidades con imágenes de una belleza irreal e igualmente avasalladora (el primer aterrizaje entre lagos y montañas; la enormidad de escenarios como la plaza repleta de cadáveres carbonizados, una suerte Pompeya interestelar–? ¿Y con referencias cultas como el ‘Ozymandias’ de Percy Shelley en boca de un androide con delirios de grandeza? Probablemente no pueda hacerse de otra manera.

El xenomorfo es la estrella

Al margen del difícil y no siempre logrado equilibrio entre tonos e ideas, que cuando funciona dota de fuerza y cierta originalidad al relato, sí podrían mejorarse algunos aspectos, como, por ejemplo, complicarse menos en las escenas climáticas de acción. U otro de residual –nótese la ironía–: los personajes, casi tan planos como el propio xenomorfo pero bastante más estúpidos que él –pisar un planeta desconocido sin ningún tipo de protección… ¡qué gran idea!–. Y, por supuesto, nos sabe mal por Katherine Waterston (Puro vicio), pero, aunque se esforzara más, ni ella ni probablemente ninguna otra actriz tienen nada que hacer ante la sombra de Sigourney “Ripley” Weaver, referente de la mayoría de heroínas del cine actual.

En pocas palabras, un ejercicio de ciencia ficción sangrienta que mejora lo apuntado en Prometheus pero que vuelve a dejarnos una agridulce sensación de viaje incompleto. Quizás era esa la intención de su casi octogenario realizador. No resulta difícil imaginárselo pronunciando los versos del citado poema romántico: “Mi nombre es Ridley Scott, rey de reyes: ¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!”

Texto: David Sabaté    

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Goliath Is Dead

Goliath Is Dead es un blog centrado en el rock alternativo y el metal en todas sus vertientes, así como en el cine de género (fantástico, terror, serie B) y las películas de culto. También nos inspiran el artwork y los libros.
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