‘Verónica’, posesión en Vallecas

Verónica. Paco Plaza

Sandra Escacena en ‘Veronica’, de Paco Plaza. Fuente: morbidofest.com

Verónica es una de aquellas películas de terror que se nutren del género dramático, de la cotidianeidad y de aquello local para infundir un miedo penetrante y, paradójicamente, universal. Lo hemos visto en otras ocasiones, por ejemplo, en las recientes Babadook o la segunda entrega de Expediente Warren, pero nunca lo habíamos experimentado tan de cerca. Las coordenadas propuestas por el realizador Paco Plaza nos trasladan a un barrio obrero del Madrid de 1991, concretamente al caso verídico plasmado en el “Expediente Vallecas”, de cuyo informe policial, carne de cañón de programas como Cuarto Milenio, parte esta historia.

Verónica bascula hábilmente entre los patrones del cine de género –sesión de güija, fenómenos paranormales, juegos de sombras, uso del fuera de campo– y el drama familiar de una adolescente de quince años –la Verónica del título–, huérfana de padre y que debe hacerse cargo de sus tres hermanos pequeños ante las maratonianas jornadas laborales de su madre en un bar. Una responsabilidad prematura que, junto a la llegada de la pubertad, trastoca el mundo de la protagonista.

'Verónica', de Paco Plaza

Ana Torrent, madre ausente. Fuente: amadoresdelcine.blogspot.com.es.

Plaza juega con las dos posibles lecturas de los sucesos –posesión real o brote psicótico–, pero se muestra cómodo en el despliegue sobrenatural. Tampoco se priva de cierto manierismo formal: un crispante travelling circular, un onírico pasaje de metraje hacia atrás, un contrapicado de los edificios de Vallecas dibujando una cruz invertida. Sin embargo, el director se desmarca de lo que podría haber sido otra película de posesiones gracias a la recreación social e histórica de un momento, vía cultura popular: de la evocadora banda sonora de Héroes del silencio, grupo fetiche de la protagonista; a la revista Más Allá, el juguete Simon o el anuncio del abrillantador Centella, cuya canción adquiere un papel destacado en una escena heredera de El día de la bestia pero despojada de cualquier atisbo de humor.

Todo cuadra en un conjunto en el que palpitan numerosas referencias bien ensambladas, de los títulos citados a el giallo, el cine de Narciso Ibáñez Serrador o Cría Cuervos. No es casual que Ana Torrent interprete a la madre de Verónica, en un reparto acertado encabezado por una notable Sandra Escacena en un papel de debut más que difícil, y con las notables réplicas de los niños Bruna González, Claudia Placer e Iván Chavero, quienes por momentos te trasladan a una Verano 1993 rodada por James Wan.

Author

David Sabaté

Periodista cultural, colaborador de Mondo Sonoro desde 2001 y apasionado del cine, los libros y la música. Ha pasado por medios como El Periódico de Catalunya, Rockzone o Catalunya Ràdio. Filias: David Bowie, Black Sabbath, John Carpenter y el Festival de Cine de Sitges, al que acude desde que tiene memoria.
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