Sitges 50: Entrevista con Paco Plaza

'Verónica', de Paco Plaza

Paco Plaza, dando instrucciones a Sandra Escacena en el rodaje de ‘Verónica’. Fuente: vasAver

El realizador Paco Plaza (Valencia, 1973) ha estrenado recientemente Verónica, personal cinta de terror y su mejor película hasta la fecha. Charlamos con él sobre el rodaje, el giallo y Narciso Ibáñez Serrador. Y, cómo no, sobre el Festival de Cine de Sitges, en el que asegura haber visto “algunas de las películas más importantes” de su vida.

Verónica es una película de terror que, a su vez, habla del dramático paso a la madurez, sobre todo cuando éste se produce de forma prematura. ¿Tenías claro este enfoque de la historia desde el principio?
No, para nada. Ese subtexto (que casi pasa a primer término) lo descubrí adentrándome en la historia del personaje, entendiendo cuál era su conflicto.

El hecho de que la cinta esté inspirada en casos reales, ¿te ha llevado a hablar con testigos o a documentarte más de lo habitual? ¿Intentaste contactar, por ejemplo, con el autor del informe policial del caso o con periodistas que lo han analizado como Iker Jiménez?
No quise hacer una aproximación documental en absoluto, por lo que no contactamos con nadie más que un par de conversaciones antes de escribir el guión; pero básicamente cogimos lo que quisimos de los casos reales (no solo Vallecas) para conformar un contexto y lo rellenamos con una historia de pura ficción.

Verónica posee un escenario, un contexto histórico y social, y una música muy reconocibles para el público español. Como en su momento [REC], da verdadero miedo, entre otras cosas, porque sentimos su mundo como algo muy cercano. ¿Crees que la conexión funcionará del mismo modo en otros países?
Ojalá. Nunca sabes. A veces lo local es lo más universal y a veces distancia a un público que se pierde muchas de las referencias. Lo sabremos en poco tiempo.

Has afirmado que Verónica es tu película más personal, y creemos que también la mejor. Parece que hay bastante de tu propia experiencia vital en ella: desde el colegio de curas al que fuiste, a los juegos con la güija habituales en la época o las canciones de Héroes del Silencio, uno de tus grupos favoritos. Esa implicación extra, ¿te ha hecho reflexionar sobre lo que pudo pasar realmente o te ha hecho sentir más miedo de lo habitual rodándola?
La verdad es que no; mi implicación viene por el lado emocional de la película, con mi identificación plena con Verónica, con sus emociones, sus sentimientos y sus miedos. Y con su contexto familiar, por supuesto. Pero por el lado sobrenatural, y mira que lo intenté, nunca obtuve ningún resultado.

En la cinta se adivinan influencias variadas, desde Chicho Ibáñez Serrador a James Wan, Cría cuervos, Babadook o el giallo. ¿Cuánto hay de homenaje consciente en ello y, en cualquier caso, tuviste que darle muchas vueltas para integrar todo ese background de forma tan natural?
El giallo es mi género favorito estéticamente, pero referencias concretas, confesas y rastreables conscientemente son Cría Cuervos y Chicho. Esas películas forman parte de mi adn y del de la peli; amo el terror europeo y el español, ver películas de Bava, de Argento, Eugenio Martín o Franju me hace sentir orgulloso del terror hecho a este lado del charco.

'Verónica', de Paco Plaza

Paco Plaza en otro de los momentos del rodaje de ‘Verónica’. Fuente: vasAver

La película posee muchos detalles formales de calidad: el travelling circular de la sesión de espiritismo final, la escena de la protagonista moviéndose al revés que su entorno, los contrapicados de edificios dibujando una cruz invertida… ¿pensaste mucho en nuevas formas de generar extrañeza y tensión?
Siempre intento pensar imágenes como esas que dices o el eclipse en el pecho de Verónica que te ayuden a explicar la historia en imágenes; pienso que el cine es mucho más que ilustrar un guión con imágenes, es darle vida y forma y sobre todo significado único con las imágenes que muestras. La forma de rodar una escena es tanto o más importante que lo que pasa en ella, bajo mi punto de vista.

En apenas un mes, el Festival de Cine de Sitges cumple medio siglo de vida. La mayoría de tus películas han pasado por el certamen. ¿Cómo recuerdas tu primera vez allí, como público y como director?
1991, camping Sitges, chaparrón, tienda de campaña inundada y mi colega y yo en calzoncillos bajo la lluvia intentando volver a clavar las piquetas en el barro. Si después de eso no he dejado de ir imagínate lo que amo ese festival. Allí he visto algunas de las películas más importantes de mi vida, he conocido amigos para toda la vida, he discutido horas y horas sobre temas que a nadie le importan fuera del marco del festival. Amo Sitges. Como director presenté mi debut allí ganando además el Meliés de Plata, con lo que mi experiencia ha sido siempre maravillosa.

¿Qué película vista en Sitges te ha dado más miedo o te ha impactado más? ¿Cuál dirías que te ha marcado más como cineasta?
La que más miedo me ha dado es Lords of Salem. Creo que esa película es una invocación satánica real, y se mete dentro. Yo estuve de mal rollo varios días después. Y como cineasta me marcó mucho la experiencia de ver [REC] allí, descifrando la película con el público fue un aprendizaje brutal. El entender que había cosas que habíamos planeado que funcionaban y otras no.

¿Cuál es la mejor anécdota que has vivido en el festival?
Las que se pueden contar no son muy graciosas, la verdad. Y las que no se pueden contar… pues eso.

Para terminar: en pocas palabras o adjetivos, el Festival de Sitges es…
El mejor momento del año para cualquier aficionado al género que se precie; una Arcadia en la que el mundo gira en torno a la sangre, los vampiros y los fantasmas.

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