Sitges 50: ‘Housewife’, el terror cósmico que llegó de Estambul

'Housewife', de Can Evrenol.

‘Housewife’, de Can Evrenol. Fuente: sitgesfilmfestival.com.

Housewife (Can Evrenol, 2017). Panorama Fantàstic – Sitges 2017

El terror cósmico que llegó de Estambul

Pocos debuts cinematográficos han resultado tan estimulantes en los últimos años, en lo que al cine de género se refiere, como el de Can Evrenol. Corría el año 2013 cuando el realizador turco presentaba al mundo Baskin, cortometraje que suponía su golpe sobre la mesa y que servía como carta de presentación para las plasmaciones en pantalla de lo que poco a poco hemos podido conocer como el rico imaginario de un cineasta fuertemente influenciado por la concepción del horror cósmico.

Eran ya varios los trabajos en forma de corto que Evrenol había firmado con anterioridad, pero fue dicha obra la que le abrió las puertas y la que logró adaptar al largometraje en 2015 de forma homónima. Así pues, Baskin iniciaba su recorrido por festivales de todo el mundo y se convertía en una delas representaciones del Infierno más solventes y enfermizas de la historia del cine de terror.

Dos años más tarde cambia su concepción del averno por una historia de corte surrealista, donde se dan la mano un culto de carácter ancestral con una serie de elementos que beben directamente de la mitología lovecraftiana. Es en el ambiente onírico que representa Housewife cuando podemos comprobar cómo Can Evrenol se siente cómodo dando vida a una serie de mundos que bien podrían haber formado parte de una película de Lucio Fulci.

Y es en esa tónica, la del cine fantástico de las décadas de 1970 y 1980, en la que funciona un título que rememora el espíritu de maestros de la talla de Dario Argento y Michele Soavi, en el que el director de Estambul se recrea en la construcción de una atmósfera en la que prima la incertidumbre y el abraza el surrealismo, hasta derivar en un desenlace que hará las delicias de los amantes de las emociones fuertes y del simbolismo oscuro en la línea de otros ejemplos de terror cósmico, como el de la reciente The Void.

Pese a que, llegados a cierto momento, su trama parezca ir hacia una deriva argumental de la que solo se saldrá una vez llegados al desenlace, Evrenol se permite el lujo de jugar con el espectador para llevarlo a través de ese laberinto compuesto por pesadillas, el que acaba siendo la base principal de un relato que, como en Baskin, se mueve alrededor de lo irreal para construir un eficiente discurso sobre el horror y su verdadera naturaleza.

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