Sitges 50: ‘Revenge’, feminismo slapstick

Revenge. Festival de Cine de Sitges

Matilda Lutz en ‘Revenge’. Fuente: sitgesfilmfestival.com

REVENGE (Coralie Fargeat, 2017). Oficial Fantàstic Competició – Sitges 2017
Premio a la Mejor Dirección

Feminismo Slapstick

A primera vista, Revenge podría tacharse de título con tendencia a la misoginia, si partimos de la presentación de su personaje femenino (el único). Sin ir más lejos, Matilda Lutz representa un cliché, el de la mujer objeto, el cual pronto se rebelará en contra de los villanos de la película (tres hombres), implacable venganza mediante. Coralie Fargeat escribe y dirige su ópera prima a golpe de música electrónica, una paleta de colores absolutamente saturada y bajo el sol abrasador del desierto, emplazamiento en el que tendrá lugar la brutal venganza que da título al film, que fue presentado mundialmente en las sesiones de medianoche del Festival de Toronto.

Partiendo de una premisa de rape & revenge al uso, su historia nos presenta a una joven, Jennifer, amante de un hombre que se reúne una vez al año con dos amigos para ir de caza. El carácter extrovertido de la chica hará que uno de ellos lleve a cabo una brutal agresión que acabará con la chica dada por muerta. Como en todo título de esta naturaleza que se precie, esta llegará de forma absolutamente sangrienta, convirtiendo a la joven en un implacable brazo ejecutor.

Nos encontramos a partir de aquí con un festival slapstick totalmente pasado de vueltas, el cual invita al disfrute para quienes estén dispuestos a dejarse llevar por todos los excesos de Revenge. Estos son el arma de doble filo con la que juega Fargeat, ya que una vez hemos entrado en el juego que nos planeta, el film se convierte en un divertimento que nos traerá a la memoria varios clásicos del género. Porque esta Jennifer no solo comparte nombre con el personaje que Camille Keaton interpretó en I Spit on Your Grave, sino que también representa todos los aspectos de empoderación femenina dignos de los tiempos que corren, al igual que lo hacía la mencionada actriz en el citado título de culto de 1978. En esta ocasión, Lutz encarna una liberación que tiene más que ver con el control absoluto del cuerpo y las decisiones, que con la reivindicación velada que podía contener el título de Meir Zarchi.

La realizadora consigue a través de un montaje frenético y un cierto aroma al poliziesco italiano setentero, que el arquetipo de femme fatale acabe representado en una suerte de ave fénix que resurgirá de las cenizas de la opresión y el castigo (un castigo que llega por el mero hecho de ser una mujer seductora), para aplacar con mano firme y un excesivo reguero de sangre (más cercano al cine del primer Peter Jackson que a otros violentos thrillers del estilo) a tres títeres de una sociedad machista que encontrarán la horma de su zapato en este Ángel de Venganza en clave millennial.

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