Sitges 50: ‘Leatherface’, marchando un refrito de serie B

Leatherface

Leatherface. Fuente: sitgesfilmfestival.com

LEATHERFACE (Alexandre Bustillo & Julien Maury, 2017)
Oficial Fantàstic fuera de competición – Sitges 2017

Marchando un refrito de serie B

Ya han pasado más de cuatro décadas desde que Tobe Hooper escandalizase a medio mundo con su ópera prima, La matanza de Texas, título capital del cine de terror e iniciador de una franquicia que ha vivido a lo largo de su historia toda una serie de mutaciones, revisiones y amputaciones que la han convertido en una de las sagas más irregulares (en cuanto a línea argumental y un poco también en lo referente a la calidad) del género de horror. Su primera secuela, Masacre en Texas 2, abrazó lo grandguiñolesco y la comedia negra. Leatherface: La matanza de Texas III reinventaba ciertos patrones y podía ser considerada como un spin-off, mientras que La matanza de Texas: La nueva generación, remakeaba sin piedad a la original. Fue en 2003 cuando Marcus Nispel acercó el mito al nuevo siglo con un brutal remake que contó con precuela propia.

Diez años más tarde, Texas Chainsaw 3D nos llegaba como tardía secuela directa (y muy desganada) del título de Hooper. El título pasó desapercibido y no logró revitalizar una saga que ya parecía haber malgastado todos sus cartuchos, hasta que se anunció que una precuela nos contaría el origen de Leatherface. Y los escogidos para dirigirla eran el tándem formado por los franceses Bustillo y Maury, poniendo así las expectativas bastante altas ante lo que nos podíamos llegar a encontrar.

Escrita por Seth M. Sherwood, los responsables de la joya de culto À l’intérieur pretenden arrojar algo de luz sobre la historia de Cara de Cuero antes de convertirse en el matarife más famoso de Texas; es por ello que asistimos a un film que bien podrían ser dos en uno. Y parece que ambos sean un refrito de otros homenajes a la exploitation en su primera parte, y a la serie B que ya hemos visto antes, en toda su segunda mitad. Aquí es donde entra en juego un nombre que bien puede asociarse a los tributos a ese tipo de cine. Rob Zombie debutaba en 2003 con La casa de los 1000 cadáveres, su particular homenaje a La matanza de Texas, título que tuvo una secuela que se adentraba en los caminos del exploit setentero. El porqué de esta asociación es sencillo, ya que Leatherface, más que una precuela de un título de éxito parece ser una hija bastarda de Los Renegados del Diablo en su primera mitad, para convertirse después en un espectáculo de lo grotesco cuando abraza los códigos de La matanza de Texas, algo que ya hizo Zombie en su ópera prima.

Dichas comparaciones sirven para definir a la perfección lo que acaba resultando esta nueva incursión en el universo que conocimos en 1974, pues más que ante el espectáculo gore y enfermizo que podíamos esperar de la dupla de directores franceses, nos encontramos ante un refrito de ideas donde lo poco que brilla es una Lili Taylor en plan matriarca chunga y claro ejemplo de madre terrible en la línea de lo que ya vimos (¡oh!, sorpresa) en la Karen Black de La casa de los 1000 cadáveres.

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