Sitges 50: ‘November’ y ‘Hagazussa’, las brujas que vinieron de Europa

'Hagazussa', de Lukas Feigelfeld.

‘Hagazussa’, de Lukas Feigelfeld. Fuente: sitgesfilmfestival.com.

HAGAZUSSA (Lukas Feigelfeld, 2017) Noves Visions One – Sitges 2017
NOVEMBER (Rainer Sarnet, 2017) Oficial Fantàstic Discovery – Sitges 2017

Las brujas que vinieron de Europa

Dos años después de que La bruja de Robert Eggers redefiniera el concepto de folk horror, era de esperar que, visto el éxito de aquella genial ópera prima, el subgénero diera sus frutos en forma de otros largometrajes que se atreviesen a contar, sin caer en las redes del terror mainstream, historias que parecen extraídas directamente de los relatos populares que, a la luz de una hoguera, han servido para advertir a lo largo de los siglos de la presencia de un mal arcaico en forma de hechicera, cuyo arquetipo se remonta a la antigüedad y a los mitos clásicos.

Cinematográficamente hablando, nos llegan dos títulos que, pese a sus diferencias, tienen en común cierto espíritu de reivindicación en cuanto a la figura de la brujería en Europa, primer enclave en el que, allá por el siglo XV, se llevó a cabo la primera persecución y catalogación del fenómeno como un mal a erradicar. Porque, como bien condenó Martín Lutero, “las brujas deben ser ajusticiadas”. En dicho siglo es donde se enmarca Hagazussa, ópera prima de Lukas Feigelfeld, quien nos traslada hasta los Alpes para contarnos una historia de corte telúrico en la que la protagonista pasa a ser aquella que en La bruja de Eggers era la antagonista.

Si contextualizamos la historia, nos encontramos con una Europa cuyas áreas rurales estaban dominadas por el paganismo, el cual detalló el Malleus Maleficarum que en 1487 publicaron los inquisidores Jacob Sprenger y Heinrich Kramer, y que detallaba las prácticas rituales, forma de vida y relaciones con seres relacionados con la demonología, de aquellas personas cuya doctrina no era la dictada por el catolicismo. En la obra, inspirada en el Directorium Inquisitorum de Nicolau Aymerich y en textos de Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y la Biblia, se define a la mujer como un ser débil cuyo carácter es más corruptible que el del hombre, para así explicar el porqué de la existencia de más brujas que brujos.

Esa fragilidad de la figura femenina, síntoma del machismo que ha imperado a lo largo de los siglos, es algo que Feigelfeld explota en Hagazussa, pero en este caso no lo hace para justificar que su protagonista acabe abrazando las fuerzas del mal, sino ligando la feminidad a una entidad cósmica, mucho más allá de la de una mera sirvienta del maligno, porque la hechicera que nos presenta está directamente conectada con una fuerza tan primigenia como la propia Madre Naturaleza, y es ahí donde reside el carácter puramente feminista con el que se nos presenta esta historia sobre brujería, que bien podría ser una suerte de relato primigenio de lo que Anna Biller vino a contarnos con su fábula Technicolor The Love Witch, alegato del empoderamiento femenino de vital importancia cinematográfica.

'November', de Rainer Sarnet.

‘November’, de Rainer Sarnet. Fuente: sitgesfilmfestival.com.

Sin dejar Europa a un lado, November viaja hasta el norte para desgranar en clave surrealista (como lo son ciertos pasajes de Hagazussa y los momentos en los que abraza el horror telúrico) los mitos rurales en una comunidad estonia. Esta, también ópera prima, podría ser presentada como “la respuesta europea a La bruja”; sin embargo, no es más que la plasmación en pantalla de todos aquellos mitos estonios directamente relacionados con la brujería y las artes oscuras. Para ello se basa en los escritos de Andrus Kivirähk, autor estonio que, con un jocoso sentido del humor, dio forma a los kratts (extrañas criaturas formadas de heno y utensilios de granjero que servían al Diablo), las plagas y los espíritus ancestrales.

Así pues, encontramos en November una obra más cercana al cine de arte y ensayo (su impecable fotografía en blanco y negro lo corrobora) que al folk horror que reivindicaba Eggers en 2015, y que en Europa ya dio sendas obras de culto en los setenta: La garra de Satán y El Hombre de Mimbre. En ella podemos vislumbrar incluso la forma en la que desde los países Bálticos entienden el séptimo arte, mucho más cercana a la obra de Bergman, Dreyer e incluso Lars Von Trier que a la del resto del viejo continente.

Una pieza de valor incontestable, fruto de las inquietudes de Rainer Sarnet, realizador que se ha formado como crítico y director de teatro, frente a la trayectoria como fotógrafo y responsable de videoclips del alemán Lukas Feigelfeld. Ambos debutan como directores y guionista de sendas historias que ponen la figura de la bruja en primer plano, y no lo hacen queriendo ser la respuesta europea a nada, sino alzando una voz personal formulada en base a la recopilación de una serie de elementos propios que convierten a Hagazussa y November en dos piezas genuinas, las cuales no hacen otra cosa que constatar el buen estado por el que pasa el cine de género contemporáneo.

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