‘En realidad, nunca estuviste aquí’, camino a la redención

En realidad, nunca estuviste aquí

Joaquin Phoenix en ‘En realidad, nunca estuviste aquí’. Fuente: newcinema.es

EN REALIDAD, NUNCA ESTUVISTE AQUÍ (Lynne Ramsay, 2017)

Una foto, una Biblia y otros objetos personales a punto de arder en un cubo metálico. Una chica deambula de espaldas por un pasillo de hotel enmoquetado. Un tipo con aspecto de homeless y las facciones de Joaquin Phoenix abandona un edificio por la salida de emergencia y se zafa de un atacante para refugiarse en un taxi mientras contempla las estelas de luz de la ciudad por la ventanilla. De fondo, los penetrantes graves de la banda sonora de Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead, en una de las pocas escenas que justifica los comentados paralelismos con Drive (Nicolas Winding Refn, 2011).

Así arranca En realidad, nunca estuviste aquí, última película de la escocesa Lynne Ramsay (Tenemos que hablar de Kevin), un atípico thriller de venganza que huye de convenciones para sacar rédito al menos es más aplicado al retrato de la decadencia y la violencia más brutal. Una historia mínima, adaptación de un texto igualmente conciso de Jonathan Ames, que retrata el día a día y la atormentada psique de Joe (Joaquin Phoenix), veterano de guerra y exagente del FBI que se dedica a rescatar de la explotación sexual a niñas y adolescentes con la ayuda de un martillo más letal que el de Old Boy (Park Chan-Wook, 2005). Una suerte de justiciero urbano carcomido por los traumas, desde las vivencias en la guerra a un sugerido pasado de abusos paternos, con destellos psicóticos y una inquietante atracción por la autodestrucción.

Tras erigirse en lo mejor de Irrational Man (Woody Allen, 2015), Phoenix reincide aquí en la transformación física de I’m Still Here (Casey Affleck, 2010) para construir otro de esos personajes tan desagradables como únicos que magnetizan todo un filme y que fue reconocido en Cannes, donde la cinta se llevó también el premio al mejor guión. Y es que los hallazgos de la cinta, más allá de la interpretación de Phoenix, son múltiples: desde la mencionada banda sonora a la dirección de Ramsey, entregada a una economía narrativa opaca y elíptica que rehuye las previsibles explosiones de violencia para apuntarlas, por ejemplo, a través de un circuito de monitores de seguridad.

Se ha comparado la película con Taxi Driver (Martin Scorsese, 1977), clásico con el que mantiene paralelismos evidentes. Aunque aquí el factor violento, igualmente opresivo y omnipresente, deviene algo más tangencial. El lirismo casi poético de un cadáver hundiéndose en el río dentro de una bolsa, con los mechones de pelo ondeando, brillantes; la extraña escena de dos tipos agarrándose la mano ensangrentados en el suelo poco antes de morir; la relación del protagonista con su madre o el naciente vínculo paterno-filial entre salvador y víctima dan algunas pistas de los matices, la hondura emocional y la personal (re)visión del thriller por parte de una realizadora con voz propia.

Author

David Sabaté

Periodista cultural, colaborador de Mondo Sonoro desde 2001 y apasionado del cine, los libros y la música. Ha pasado por medios como El Periódico de Catalunya, Rockzone o Catalunya Ràdio. Filias: David Bowie, Black Sabbath, John Carpenter y el Festival de Cine de Sitges, al que acude desde que tiene memoria.
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