In-Edit 2017: ‘The Public Image is Rotten’, God save John Lydon

John Lydon

John Lydon, en una escena del documental ‘The Public Image is Rotten’. Fuente: hollywoodreporter.com

THE PUBLIC IMAGE IS ROTTEN (Tabbert Fiiller, 2017)

Hace apenas 24 horas hemos conocido la noticia que John Lydon Johnny Rotten para los amigos– se postula para representar a Irlanda en el próximo festival de Eurovisión que tendrá lugar el próximo mes de mayo en Irlanda. Nos da bastante igual todo lo que concierna a un certamen con el que no compartimos ni filosofía ni valores musicales, pero mientras algunos países envían a participantes surgidos de realities televisivos, resulta tan irónica como reivindicable la participación de un músico de la talla de Lydon, icono y pionero del punk rock, exlíder de los Sex Pistols y cantante de piL.

Precisamente, y con motivo de la noticia eurovisiva, la mayoría de medios generalistas han mencionado en sus titulares a la primera banda del músico, los Sex Pistols, de influencia tan incalculable como fugaz existencia, pero muy pocos se han acordado de piL, banda que Rotten fundó en 1978 y en la que el músico ha militado durante un total de veintidós años (descontando su parón entre 1992 y 2009). Un proyecto con el que, como muestra este documental, el músico intentó desmarcarse de la presión, el encasillamiento y la losa en la que se convirtió para él la desmesurada atención mediática generada alrededor de los Pistols, para, de paso, abrir nuevas vías sonoras más allá del punk.

The Public Image is Rotten (Tabbert Fiiller, 2017) muestra claramente esa transición, con un arranque que recuerda la intensa experiencia al frente de los autores de ‘God Save the Queen’ y Anarchy in the UK’, para centrarse en piL y sus ramificaciones sonoras, aún a día de hoy sorprendentes por su variedad y libertad: del post-punk a la new wave, el dance o el rock alternativo. Un estallido creativo que, a pesar de su dispersión, no debe minusvalorarse. Lydon, sobrepasados los sesenta, lo recuerda todo –o casi todo– hablando a cámara con naturalidad, desparpajo y un tono entre honesto y combativo. El formato de documental de entrevistas resulta algo previsible y poco imaginativo, pero lo compensa el valor de las declaraciones: desde su traumática experiencia infantil, cuando perdió la memoria temporalmente a causa de una enfermedad hasta el punto de no reconocer a sus propios padres, hasta su actual día a día, de lo más normal y familiar; un círculo que, protector, insiste en mantener al margen del foco público.

Además de testimonios como los de Thurston Moore (Sonic Youth), Flea (Red Hot Chili Peppers) y Adam Horovitz (Beastie Boys), destaca especialmente la retahíla de cambios de formación en el seno de piL, sus peleas, desencuentros y hasta el robo de canciones por parte de sus exmiembros, con la valuosa participación de ambas partes, acusadores y acusados, en un cara a cara vía montaje que revela más de lo habitual. El filme corrobora que Lydon no tiene pelos en la lengua y que siempre ha hecho lo que le ha dado la gana; más allá del, para algunos, controvertido anuncio de mantequilla que protagonizó hace casi una década y, por supuesto, de su posible participación en un evento tan aberrante como Eurovisión que promete dinamitar desde sus entrañas.

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