‘Nacer. Crecer. Metallica. Morir. Vol. I’, Paul Brannigan & Ian Winwood

'Nacer. Crecer. Metallica. Morir. Volumen I'. Paul Brannigan & Ian Winwood“Si quieres señalar un único aspecto de nosotros, yo creo que lo que más distingue a la banda es su energía. Eso no falta nunca, y mientras tenga una intensidad del copón, eso será Metallica”, explica en un momento de Nacer. Crecer. Metallica. Morir. Volumen I el batería Lars Ulrich intentándose desmarcar del thrash metal ya en la época de su clásico Master of Puppets.

“Una de las razones por las que hemos progresado así –prosigue Ulrich– es que, al trabajar con diferentes emociones y dinámicas, nos hemos dado cuenta de que hay otros modos de ser heavy aparte de tocando rápido. La gente siempre quiere encasillarte y entonces ya se quedan tranquilos. (…) Pero a nadie le hace falta saber si somos thrash, speed, heavy, lentos, verdes o black. Todas esas categorías me dan asco. Por eso nuestro grupo tiene nombre, para que la gente nos reconozca.”

Un nombre que incluye la palabra metal, señalaría con acierto Andrew O’Neill, autor del también recomendable La historia del Heavy Metal (2018, Blackie Books), del que daremos buena cuenta muy pronto. La tendencia pasajera del batería de desmarcarse del género llegó a hacerle sustituir siempre heavy metal por hard rock en sus declaracions, algo que ya apuntaba la anterior cita. Pero eso sería tras la publicación del popular Black Album, momento con el que termina el presente libro y cuya etapa posterior recogerá su continuación.

Lo que aquí se aborda con pasión y precisión de cirujano es la primera etapa de la banda norteamericana. Desde la primera prueba conjunta de Ulrich y James Hetfield, con cuya infancia arranca el relato, hasta la inédita listening session del álbum negro con 10.000 espectadores haciendo headbanging en un bullicioso Madison Square Garden. Un retrato exhaustivo, minucioso y con un sinfín de declaraciones de testigos y protagonistas (managers, roadies, productores como Fleming Rasmussen o Bob Rock, y demás profesionales de la industria) acerca del ascenso meteórico que la banda experimentó entre 1982 y 1991. Desde sus peregrinajes por medio Estados Unidos con una ruinosa furgoneta que hacía las veces de dormitorio y sus primeros contratos deficitarios hasta el estreno de su jet privado, su participación en el Monsters of Rock de 1987 en la que hicieron palidecer a los mismísimos Van Halen o una amplia gama de excesos que prefiero no desvelar al lector.

Metallica

Lars, James, Kirk y Cliff en la época de ‘Master of Puppets’. Fuente: metal-fi.com.

El alcohol estuvo presente desde los primeros días, por algo se ganaron el sobrenombre de Alcoholica. “Has de tener en cuenta que permanecimos en un estado de ebriedad constante de 1987 hasta el final de 1989. Era como parte del trato”, recuerda el bajista Jason Newsted. La muerte de su antecesor Cliff Burton en 1986 nunca fue superada por la banda y los excesos fueron a más. “Pienso en Cliff todo el tiempo –comenta Ulrich–. No puedo desprenderme de él y tampoco quiero que eso ocurra.” Quizás por ello, Newsted nunca fue aceptado del todo, siempre le hicieron sentir el nuevo, y sufrió novatadas y cosas más serias, como la práctica supresión de su instrumento en …And Justice for All. En este sentido, el libro abunda en numerosas anécdotas –peleas con Mötley Crüe en Sunset Boulevard, borracheras imposibles con Lemmy– pero no escatima críticas, como las del propio Rasmussen acerca de la precaria técnica de los primeros Metallica, e incluso por parte del ex miembro fundador Dave Mustaine, expulsado por su carácter violento y autodestructivo: “Recuerdo que James estaba llorando (…) pero Lars estaba tan fresco. Creo que entonces es cuando se le empezó a ennegrecer el corazón y dejó de importarle la gente.”

Pero si de algo habla es de música. Desde la reducción de la velocidad en Ride the Lightning hasta la complejidad extrema de …And Justice for All y su exhaustiva y aburrida, según los propios músicos, traslación al directo, lo que propiciaría el groove y el ritmo predominantes en el Black Album. También se deja claro el ecléctico gusto de sus miembros, que abarca, desde prácticamente sus inicios, nombres tan dispares como Misfits, Simon & Garfunkel o Ennio Morricone. El libro muestra a unos músicos capacitados, inquietos y en constante evolución, con los pies en el suelo y muy trabajadores, que no le hacían ascos a repartir flyers de sus propios conciertos cuando ya contaban con tres discos en el mercado, y, según su temprano tour manager Gem Howard, con un “interés real por los pormenores del oficio. Podían irse de farra y desmadrar, pero mantenían sus prioridades en el aspecto musical del asunto.”

El contraste de personalidades entre Hetfield y Ulrich, su perfeccionismo y sus ansias de control planean por todas las páginas y, si bien su lucha de egos explotará en la época relegada al segundo volumen de este libro, aquí entendemos su compleja a la par que fascinante relación de polos complementarios. “Sin Metallica estaría muerto o en la cárcel”, afirma Hetfield, para el que la música se convirtió en una “salida, una terapia y una salvación”, y se entregó a ello en cuerpo y alma. En cuanto a Ulrich, Geoff Barton, fundador de la revista británica Kerrang!, recuerda que el danés “fue decisivo para lograr que muchos periodistas de involucraran, gracias a su entusiasmo, su persistencia y a su modo de ser un tocanarices.”

A base de insistir e insistir, Ulrich logró poner a la banda en las portadas, y ya en 1984, con una mezcla de soberbia y visión premonitoria, afirmó: “Vamos a llegar un paso más allá que Iron Maiden, que ahora son los que tienen más éxito comercial dentro del metal extremo (…) Creo de verdad que cualquier chaval al que le vayan los Priest, Maiden, Kiss o Twisted Sister va a entender bien nuestra onda. No digo que la cosa ocurrirá de la noche a la mañana, pero irá progresando, y Metallica podrá acabar siendo la avanzadilla de una nueva rama del heavy metal.”

Sin desmerecer el talento de Kirk Hammet, de Dave Mustaine y de sus sucesivos bajistas, probablemente sin la suma de Ulrich y Hetfield, Metallica no habrían acabando convirtiéndose en la banda de rock más importante desde Led Zeppelin. Un libro imprescindible para comprender mejor a la banda más grande e influyente del heavy metal y, por extensión, el conjunto de un género musical que a menudo constituye, también, toda una forma de vida.

PVP CON IVA 25 €
NÚM. DE PÁGINAS 400
EDITORIAL Malpaso Ediciones
TRADUCCIÓN Ezequiel Martínez Llorente
PUBLICACIÓN 02/2018

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