‘Hereditary’, la mejor película de terror del año

Hereditary

Toni Collette en una escena de ‘Hereditary’: no querrás estar en su piel. Fuente: abc.es.

Hereditary, de Ari Aster

Cada temporada aparecen, con suerte, una o dos películas que nos hacen pasar lo que consideramos “un mal rato de verdad”. Pienso en Insidious (James Wan, 2010), Annabelle (John R. Leonetti, 2014) o Expediente Warren (James Wan, 2013). Viéndolas uno puede llegar a divertirse mientras disfruta de una obra cuidada, de cierta factura artesanal y con momentos de tensión real. Y entonces llega Hereditary y sube la apuesta. Una película radical, cruda, hostil. Una embestida contra audiencias acomodadas y contra la vertiente más previsible del género.

Hereditary se sitúa junto a otras cintas recientes que cultivan un tipo de terror con identidad propia, autoral, extrañamente realista y mucho más perturbador. Hablamos de películas que nos han devuelto la plena fe en el género –si es que la perdimos en algún momento–. Es el caso de Babadook (Jennifer Kent, 2014), It Follows (David Robert Mitchell, 2014), La bruja (Robert Eggers, 2015) o Déjame salir (Jordan Peele, 2017), todas ellas reseñadas en Goliath Is Dead.

Hereditary tiene mucho en común con ellas, además de beber de clásicos indiscutibles del horror como El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968) o la menos popular Amenaza en la sombra (Nicolas Roeg, 1975). Y aunque contar con semejante herencia más bien podría jugar en su contra, el debutante Ari Aster, forjado en el terreno del corto, sortea el peligro facturando una historia original y con un empaque visual impecable.

Uno de los puntos fuertes de Hereditary es que podría funcionar como drama familiar. De hecho, la idea original de Aster iba en esa linea, y eso enriquece el conjunto desde el principio. El reparto tiene mucho que ver en ello: Gabriel Byrne, como siempre, no falla en el papel de padre de familia introvertido y superado por las circunstancias; Tony Collette estremece al poner expresión a la pérdida progresiva de la cordura; el sufrido Alex Wolff firma su mejor papel hasta la fecha –tendrá tiempo de revalidarlo– y Milly Shapiro –bendito casting– nos aterra con sus silencios –¡y sus chasquidos!–, y, como no, con su indescifrable rostro de formas y mirada antinaturales, bastante más inquietante que el del pequeño Danny Lloyd en los pasillos del Hotel Overlook.

El resultado, más que terror, produce pavor. La amenaza latente va creciendo lenta pero inexorable desde el minuto uno. Sin prisas ni sustos fáciles, se toma su tiempo para ir minando el estado de ánimo del espectador y agarrarlo por el cuello. Cruel, sin piedad. La incomodidad crece y el patio de butacas ríe nervioso, resopla y, en el peor de los casos, desconecta por pura supervivencia. La suma del miedo a lo real, a la destrucción de una familia, a que aquellos a quien más quieres puedan hacerte daño, se entrelaza hábilmente con lo sobrenatural. Es esa convivencia sin complejos lo que más aterra de Hereditary. Un psicodrama diabólico. Una de aquellas películas de terror –la mejor de lo que llevamos de año– que te acompañan largo tiempo. De las que te hacen pasarlo mal pasándolo mal, dormir con la luz encendida y, sí, pensar en ver más a menudo a tu familia.

Author

David Sabaté

Periodista cultural, colaborador de Mondo Sonoro desde 2001 y apasionado del cine, los libros y la música. Ha pasado por medios como El Periódico de Catalunya, Rockzone o Catalunya Ràdio. Filias: David Bowie, Black Sabbath, John Carpenter y el Festival de Cine de Sitges, al que acude desde que tiene memoria.
Filed under Cine Películas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *