‘Overlord’, malditos no muertos

Overlord, de Julius Avery

‘Overlord’, de Julius Avery. Fuente: sitgesfilmfestival.com.

Overlord es entretenimiento puro sin complejos. Técnicamente brillante, entrañable en su esencia pulp, la cinta del australiano Julius Avery (Son of a Gun) y producida por J.J. Abrams combina con acierto, nervio y desparpajo el género bélico y el cine de terror. Como si Malditos Bastardos hubiera compartido programa doble en Grindhouse junto a Planet Terror y se hubiera empapado de su gamberrismo sin perder su reverencia por las películas clásicas de guerra.

A pesar de contar con una premisa no excesivamente original –los experimentos del régimen nazi para crear supersoldados tan longevos como el Tercer Reich–, la cinta engancha desde el primer minuto con un plano secuencia in media res. La escena muestra a un escuadrón de paracaidistas norteamericanos justo durante los instantes previos a su salto suicida sobre las nubes de Normandía. Es la víspera del día D, pero antes de la histórica fecha, los protagonistas de Overlord, liderados por un Wyatt Russell –hijo de Kurt– de facciones contraídas, descubrirán los otros horrores de la guerra. En su particular descenso a los infiernos nos adentraremos en la serie B, el terreno de los laboratorios subterráneos y los mad doctors, y el imaginario colectivo en el que cohabitan Cráneo Rojo y Revenge of the Zombies de Steve Sekely.

Otro punto positivo: tras el espectacular arranque, uno espera un festín de acción sin respiro, pero en vez de ello, la historia se toma su tiempo para presentar a los personajes. La exposición de sus relaciones alimenta un clima de tensión creciente y a contrarreloj que desemboca algo tarde en lo fantástico. Este es justamente el principal pero de la cinta: su sensación de clímax incompleto, de resolución con el freno puesto, de autocontrol ante el posible festival de horror en el que podría desembocar Overlord en su vertiente más terrorífica y sangrienta.

No le faltan escenas gore –cuenta con alguna escena shock deudora de La cosa inaudita para un título mainstream de su naturaleza–, pero quizás sí algo más de locura y violencia. Con todo, Overlord se disfruta de principio a fin gracias al equilibrio y a la natural combinación de sus dos facetas. Un híbrido irresistible que mezcla como pocos tradición, acción y frescura. ¡Queremos más!

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