‘Un couteu dans le coeur’, el paraíso del neo giallo

Un couteau dans le coeur

Un couteau dans le coeur. Fuente: sitgesfilmfestival.com.

UN COUTEAU DANS LE COEUR (Yann Gonzalez, 2018)
Oficial Fantàstic a Competició – Sitges 2018

Pese a que durante los años noventa del pasado siglo, Dario Argento se encargase de seguir cosechando el género que alcanzó renombre gracias a todas sus aportaciones al mismo, podríamos fechar el verdadero fin del giallo en 1987, año en el que se estrena Terror en la ópera, la última gran película de la casi inabarcable producción que se había venido llevando a cabo en Italia desde los años sesenta. Desde entonces, todas las revisiones que se han hecho del subgénero que fue de enorme influencia para el cine de terror y la gran mayoría de cineastas de género contemporáneos (el legado de la Suspiria de Dario Argento o esa Bahía de sangre de Mario Bava para lo sobrenatural y el slasher, por ejemplo), han llegado desde diferentes partes geográficas, aunque todas ellas vienen delimitadas por lo que supone la línea que delimita el continente europeo.

De Bélgica, el tándem formado por Hélène Cattet y Bruno Forzani nos trajo sendas aportaciones a lo que viene a ser el neo giallo: Amer (2009) y L’étrange couleur des larmes de ton corps (2013). De Alemania, el interesante Andreas Marschall retomaba el espíritu de Suspiria en la interesante Masks (2011). Digamos que, de la cuna del giallo, solo Tulpa – Perdizioni mortali (2012) de Federico Zampaglione– hace honor al subgénero habiéndose filmado en tierras italianas. Si hablásemos de rarezas de fuera del continente, tanto Sonno profondo (2013) como Francesca (2015) de Luciano Onetti demostraban que desde Argentina también se le podía rendir tributo al género del mismo modo que lo hacía Peter Strickland con Berberian Sound Studio (2012). Desde Francia, el Yann Gonzalez de Les rencontres d’après minuit (2013) vuelve a dar rienda suelta a cierto erotismo con el que se presentó al mundo en Cannes para firmar el neogiallo francés por excelencia: Un couteau dans le coeur.

Escrito a cuatro manos por Gonzalez y el debutante Cristiano Mangione, la película, que se estrenó en Cannes y pasó por el Fantastic Fest, nos traslada hasta el París del verano de 1979, centro de la contracultura francesa y finales de la década en la que Francia había conseguido dos de los hitos que son clave para comprender el trasfondo sobre el que se aposenta la trama: la consagración de los movimientos feministas (en 1975 se legalizaba el aborto) y la despenalización del hecho de ser homosexual. Porque sí, Un couteau dans le coeur es a la vez un título queer, feminista y de estética tan moderna como lo podían ser los giallos de la época sobre los que directamente se refleja esta incursión en el género de Yann Gonzalez.

Vanessa Paradis es la encargada de tomar las riendas de una historia que nos presenta el (por aquel entonces) considerado submundo del cine porno gay. La estrella francesa encarna a Anne, productora y directora de películas cuya vida sentimental ha pasado a ser un tormento desde el momento en el que, harta de su conducta errática y tendencia al alcoholismo, su novia Lois (Kate Moran) le abandonase. Por si fuera poco, Anne deberá lidiar con el hecho de que Lois es también su editora, por lo que pronto decidirá exorcizar su duelo produciendo la película más ambiciosa de su carrera. De forma paralela, algunos de los actores que participan en ella empezarán a morir brutalmente a manos de un asesino que oculta su rostro tras una máscara de cuero y que porta como arma un dildo que esconde una afilada navaja.

No hace falta mucha investigación de campo para encontrarse con títulos que jueguen en el campo del thriller y el terror y que se puedan etiquetar como LGTBI, pues (tristemente) son pocos los que se han atrevido a jugar con los arquetipos y normas básicas del género y, en su gran mayoría, se ha tratado de títulos exploit cuya trascendencia ha resultado notoria con el paso de los años. Si Campamento sangriento (1983) y su delirante final twist (en el que Angela se revelaba cual icónico psychokiller transexual), o Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy (1985) y toda la carga homoerótica que el guionista David Chaskin añadió a la historia a propósito, eran los ejemplos más destacados de este denominado terror queer (con permiso de Vestida para matar y el asesino transexual de Brian de Palma), en Un couteau dans le coeur esa liberación sexual del París de los setenta se refleja con total naturalidad ante la cámara, siendo más un ejemplo de título que parece echar de menos la modernidad de una Francia que a finales de los setenta era pionera en cuanto a las libertades y que parece mirar, por encima del hombro y sin tapujos, a esa Francia de la actualidad en la que la extrema derecha asoma cual amenaza implacable.

Y entonces es cuando Yann Gonzalez nos regala lo que bien podría haber sido el giallo que hubiese rodado Pedro Almodóvar durante la Movida Madrileña: un híbrido de géneros que no solo viene a rememorar todos los tópicos giallescos habidos y por haber (el asesino que mata por culpa de un deseo reprimido, las pulsiones sexuales, la carga erótica), sino que con él realiza una catarsis en la que Paradis se convierte en la guía de toda una declaración de intenciones. Como si le hubiera salido de las propias entrañas (y seguramente de forma inconsciente), con Un couteu dans le coeur no solo sube el nivel de lo que conocemos como neogiallo, sino que, cual ejemplo de metacine, presenta su carta de amor al celuloide a través de un deslumbrante paraíso estético repleto de alegorías y señas de identidad propias donde Vanessa Paradis se desgarra en cuerpo y alma.

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