Resurrection Fest, el huracán que vino del norte

Converge, la brutalidad convertida en arte. Foto: Eduard Tuset

Campo de futbol de Viveiro. 2, 3 y 4 de agosto. Bnp Productions

Un año más Viveiro. Tres días de guitarras, clima fresco, espectaculares playas en colisión con verdes bosques y, probablemente, el mejor pulpo y marisco del mundo. El Resurrection Fest cambió de emplazamiento por tercer año consecutivo para quedarse en el que parece su recinto idóneo, a pocos metros del espacio del año anterior, un terreno más amplio y sólo criticable por su excesiva sequedad, lo que propició molestas nubes de polvo en los conciertos más movidos.

Jueves 2

Dimos el pistoletazo de salida con los catalanes Moksha. Les preferimos en club, pero su death’n’roll sonó  igualmente arrollador. El cantante Funu lideró la función con convicción y las fornidas guitarras de Iván Ruiz se abrieron paso entre las montañas colindantes. Cada día más convencido que hablamos de una de nuestras mejores bandas. Los portugueses More Than A Thousand abrieron la veda metalcore con
un directo competente, y Adrift convencieron con sus temas recientes, más
intrincados y variados.

Poco después, This Is Hell sorprendieron con su hardcore veloz de riffs engrasados, aunque uno de los directos del día fue el de Converge, quienes repetían en el festival afianzando su corona del hardcore extremo. Las brutales “Dark Horse”, “Reap What You Sow” y “Eagles Become Vultures”, además de una sorprendente versión del “Wolverine Blues” de Entombed, se situaron entre lo mejor de la primera jornada.

Agnostic Front, madera de clásicos. Foto: Eduard Tuset

Cogimos aire con el ska punk festivo de Reel Big Fish -ciertamente, muy divertidos- y el screamo de Pianos Become The Teeth, justo antes de encararnos con Nasum. Sus temas no resultan tan corrosivos y asesinos como antaño, pero se ensañaron a gusto con instrumentos y audiencia, despachando riffs y blastbeats a mansalva. Una auténtica carnicería sonora. Y cerrando la jornada, doble ración de clásicos: Agnostic Front, quienes hicieron notar sus años de tablas con un directo efectivo y demoledor en el que no faltó el himno “Gotta Go”; y, también desde Nueva York, H2O, algo más decepcionantes, pero buen broche para el primer tercio del festival.

Viernes 3

Crisix protagonizaron un arranque apabullante, propio de una banda importante, encadenando una tras otra auténticas bombas del mejor thrash metal;
“Dead By The Fistful Of Violence” y “Ultra Thrash”, entre muchas otras, armaron
un set redondeado por una performance digna de Alice Cooper. Enérgico concierto, también, el de la banda americana de pop punk MXPX Allstar, capitaneada por Mike Herrera, quien tuvo unas de las primeras palabras de recuerdo para Tony Sly, cantante de No Use For A Name, fallecido dos días antes. Los madrileños Proud’z brindaron una rabiosa descarga, directa y sin fisuras, y Unearth imprimieron mayor fuerza a su dinámico y potente metalcore, con Trevor Phipps revelándose como un buen maestro de ceremonias.

Escenario Monster del Resurrection Fest 2012. Foto: Eduard Tuset

Suicide Silence no dejaron títere con cabeza con su monstruoso deathcore. Para que se hagan una idea de su intensidad, uno de sus músicos se lesionó una pierna tras el primer tema, pero aguantó todo el show antes de ir al hospital. A eso se le llama ser profesional. Lo mejor del concierto de Against Me! es que apenas nadie se fijó en la apariencia de Laura Jane Grace/Tom Gabel, tras anunciar hace unos meses que va a cambiar de sexo; las verdaderas protagonistas, sus canciones, siguen siendo tan potentes y adhesivas como siempre: “I Was A Teenage Anarchist” o, en especial, “Thrash Unreal”, lograron ponernos la piel de gallina.

Poco después, los norteamericanos Municipal Waste, autores de las ya clásicas “The Art Of Partying” y “Unleash The Bastards”, convencieron con las misma
propuesta de siempre: thrash punk metal sin concesiones y directo a la yugular.
La actitud macarra se mantuvo con Soziedad Alkoholika, quienes tomaron el escenario grande sin titubeos, para recordarnos que poseen un cancionero de lo más sólido (coronado con la ineludible “Nos vimos en Berlín”).

Mike Muir, de Suicidal Tendencies, como en los viejos tiempos. Foto: Eduard Tuset

Los norteamericanos Glassjaw, héroes del post-hardcore neoyorquino de finales de los noventa eran, a priori, una de las bandas más esperadas y no defraudaron: sus originales composiciones, a menudo virtuosas e intrincadas, atraparon a fans y neófitos, cerrando con una gigantesca “Siberian Kiss”. Sin embargo, muchos se la perdieron para coger sitio en el escenario grande y comprobar si Suicidal Tendencies, el grupo que nunca han visto pero del que medio mundo lleva una gorra, mola tanto en directo como dicen. Los de Mike Muir colmaron las expectativas dándolo todo en un escenario invadido literalmente por el público al ritmo de gloriosos clásicos del crossover metal como “You Can’t Bring Me Down” o “War Inside My Head”.

El otro plato fuerte de la noche, Descendents, cerró con un directo de obligado visionado pero poco más que correcto. Eso sí, a pesar de algunos problemas de voz de Milo Aukerman, la banda se redimió tras el pinchazo de Londres del año pasado gracias a temas tan redondos como “Everything Sucks” –con el que abrieron-, “I’m The One” o «Hope».

Sábado 4

Abrimos la última jornada con los andaluces G.A.S. Drummers, todo un balón de oxígeno power pop que hizo más llevadero el calor de primera hora de la tarde. Poco después, The Eyes ofrecieron su concierto de despedida. Nos dejaron con un sabor agridulce, concentrando en un aplastante set de treinta y pocos minutos algunos de sus temas más contundentes. Les recordaremos como una de las mejores bandas de metal surgidas por aquí.

The Eyes, el salto final. Foto: Eduard Tuset

Skarhead nos proporcionaron la dosis de hardcore neoyorquino de la tarde, secundados por los australianos Deez Nuts; y Angelus Apatrida facturaron, como siempre, un concierto impecable y asombroso, sin vacíos ni temas de relleno, con un Guillermo Izquierdo todo carisma y un wall of death espectacular. The Black Daliah
Murder
sacudieron al respetable sin miramientos, descargando con virulencia y técnica sobrecogedora la artillería de su último “Ritual”; Good Riddance y Anti-Flag ofrecieron sendas demostraciones de que las melodías y los estribillos luminosos pueden ser compatibles con un discurso combativo; y Berri Txarrak dejaron con la boca abierta a quienes aún no les habían visto en directo. Uno de los mejores sonidos de los tres días.

Lo de Dead Kennedys fue una decepción para casi todos. No tocaron
mal, pero a juzgar por las últimas descargas de Jello Biafra por aquí, parece
que su cantante original retiene mejor la esencia del grupo. “California Über
Alles” llegó tarde y tampoco nos hizo vibrar. Una lástima.

At The Gates, los jefes de todo esto. Foto: Eduard Tuset

Con quienes sí disfrutamos fue con los suecos At The Gates, quienes firmaron,
sencillamente, uno de los mejores directos del festival. Contundencia y
precisión; algunos pilares del death metal melódico como “Blinded By Fear”,
“Slaughter Of The Soul” y “Cold”; y un Tomas Lindberg enorme fueron sus armas.
Victoria anunciada.

Y Hatebreed cerraron por la puerta grande, pasadas las dos de la mañana, con su hardcore metalizado de guitarras pesadas y tempos matadores que remacharon con una tentadora “Destroy Everything”. Apuesta segura para cerrar una edición sin duda exitosa y que parece augurar la madurez –esperemos que no la masificación- de un festival que se hace querer.

Texto: David Sabaté. Resumen de las crónicas publicadas en Mondosonoro y Rockzone