'Cosmópolis' o el cataclismo financiero visto por Cronenberg (y DeLillo)

Robert Pattinson y Sarah Gadon, en una escena de ‘Cosmópolis’. Fuente: www.allmoviephoto.com

Durante la presentación en Toronto de su última película, esta incomprendida y de previsible paso fugaz por las carteleras «Cosmópolis«, David Cronenberg afirmaba que el cine, en el fondo, no es otra cosa que la filmación de un rostro parlante.

Una aseveración sorprendente, sin duda, viniendo de alguien que ha mostrado como nadie en el celuloide los cambios y alteraciones del cuerpo humano, ya sea como metáfora, como reto estético o como fruto de una obsesión temática quién sabe si vinculada a la formación académica del propio realizador como médico.

La sentencia choca, asimismo, con la máxima tradicional del cine como medio expresivo basado en el lenguaje de las imágenes en movimiento. El debate sobre paradigmas de representación cinematográficos, en el que -respiren tranquilos- no profundizaremos aquí, viene a colación de la extendida incomprensión de la última obra del canadiense, en la que el autor de “Cromosoma 3”, “La mosca” o “ExistenZ” adapta (o mejor, traslada o copia) una novela corta del escritor neoyorquino Don DeLillo.

Y es que la última propuesta del personal realizador transcurre casi íntegramente en el interior de una limusina, con muchos planos fijos de sus personajes hablando sin cesar de teorías y transacciones económicas que se nos escapan. Una verborrea y un ritmo densos e irritantes, aunque nada gratuítos.

El flujo de información ilustra a la perfección esta obstinada travesía de un tiburón de las finanzas -sorprendente Robert Pattinson- en una Nueva York colapsada por la visita del presidente de Estados Unidos y por las airadas protestas ciudadanas contra la crisis; una realidad a la que DeLillo, visionario, se adelantó por lo menos un lustro.

El objetivo del protagonista, cortarse el pelo en el barrio de su infancia, resulta tan absurdo como su propia existencia: a pesar de tenerlo todo, el joven rico y sin escrúpulos no encuentra significado a su vida, lo que motiva su viaje hacia el reencuentro de las raíces. Un planteamiento sobre el papel atractivo pero que acusa en pantalla un exceso de fidelidad al original -los diálogos han sido copiados literalmente de la novela-.

Por otra parte, «Cosmópolis» supone un nuevo giro a la autoreinvención orquestada con «Una historia de violencia» y «Promesas del este»: donde allí predominaban la sordidez y la acción seca y dolorosamente realista, aquí emerge con toda su fuerza la palabra, elemento vital, ya, en la anterior «Un método peligroso», con el intercambio epistolar entre Freud y Jung y el nacimiento del psicoanálisis como núcleo de la historia.

Aún así, no es difícil entrever en «Cosmópolis» algunos de los principales rasgos del cine de Cronenberg, como la preocupación del protagonista por su salud o el tono cerebral y la frialdad del relato, de sus espacios y de su desfile de personajes. Con todo, esta novela en imágenes se revela como un interesante experimento -menor, si quieren- con un nada desdeñable punto fuerte a su favor: uno abandona la sala con unas irrefrenables ganas de leer.

Texto: David Sabaté

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