'Pi', la primera pequeña joya de Darren Aronoksky

Pi, de Darren Aronofsky. Fuente: www.quierovermascine.blogspot.com

Pi, de Darren Aronofsky. Fuente: www.quierovermascine.blogspot.com

La fecha de hoy, 14 de marzo -en el calendario anglosajón 3/14- se conoce en Estados Unidos -de forma oficial desde 2009- como el Día Nacional de Pi. Una excusa como cualquier otra -siempre encontraríamos una buena ocasión- para reivindicar la inspirada opera prima de Darren Aronofsky, «Pi, fe en el caos» (1998), ganadora del premio al mejor director en el Festival de Sundance. 

El film retrata el obsesivo día a día de un brillante matemático que avanza a pasos agigantados hacia el descubrimiento más importante de su vida: la decodificación del sistema numérico que rige el aparente caos del mercado bursátil. Paso previo: encontrar el valor del número Pi.  En la consecución de su misión se entrometerán una firma de Wall Street y una secta judía que pretende descifrar los secretos ocultos tras los textos sagrados. Ahí es nada.

Con tan original planteamiento y un espíritu netamente underground, Aronofsky edificó una aventura mental de atmósfera opresiva, granulado blanco y negro, y un efectivo y sorprendente despliegue de inventivos recursos visuales para suplir el escaso presupuesto de la producción.

Después vendrían la melodramática «Requiem por un sueño» (2000), algo moralista y demasiado influida por la estética del videoclip; y la metafísica y fallida -a pesar de contar en el reparto con Hugh Jackman y Rachel Weisz- «La fuente de la vida» (2006). No fue hasta 2008 que el realizador recobró el pulso y el prestigio con «El luchador», protagonizada por Marisa Tomei y un enorme Mickey Rourke en la piel de un luchador profesional en el ocaso de su vida profesional y personal. El film le valió a Aronofsky el León de Oro en el Festival de Venecia de aquel año. Y después vendría «El cisne negro» (2010), crudo viaje a la locura de una bailarina con los rasgos de Natalie Portman, Oscar a mejor actriz por el papel.

Todo ese talento por explorar puede intuirse ya en «Pi, fe en el caos». Un rotundo y radical debut, tan complejo como bello, con ecos a la literatura de Kafka y a la densa rareza incolora del debutante David Lynch de «Cabeza borradora». Resultado: una pieza de culto sin paliativos.

Texto: David Sabaté

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