Portishead, fantasmas de Bristol

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Fecha: 18 de julio de 2014. Sala: Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Texto y fotos: Eduard Tuset

Era la primera vez que Portishead actuaban en Madrid, algo que ya se notaba en las inmediaciones del Palacio de Deportes, con multitudes ansiosas por ver el show. Pero la  sorpresa para un servidor fue ver la actuación previa del trío Thought Forms.

Estos chicos de Bristol sorprendieron muy gratamente con su show de post rock que cabalga a menudo sobre ritmos que bien podrían sintonizar con bandas como Godflesh y Neurosis. Charlie Romijn susurraba enlazando temas mientras el guitarrista Deej Dhariwal iba tejiendo capas sonoras pisadas por gritos guturales; un excelente preludio para lo que vendría a continuación.

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Pero vayamos a lo realmente importante de la noche: Portishead se marcaron el mejor concierto que he visto este año, y no son pocos. Su puesta en escena resulta impecable y su calidad, tanto musical como visual, te deja sin aliento.

A ello tenemos que añadir que esa perfección se contagió al público y ayudó a crear una comunión y una atmósfera única, algo que creo que no es fácil, sabiendo que Beth Gibbons y el trip hop de Portishead pueden ser tan distantes como ellos quieran y transportarte fuera de la realidad en pocos segundos.

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Cabe recordar que Portishead tienen solo tres discos editados y por eso la duración de sus conciertos es aún algo escasa: una hora y media, el único ‘pero’ de la noche. Empezaron con «Silence» y con Beth entre sombras mirando a su batería para acercarse al micro a los dos minutos y empezar a cantar. Las proyecciones se iban alternando y la cámaras go pro fijas situadas a ambos lados del escenario ayudaban a proyectar sobre la pantalla las imágenes de la cantante y su banda.

En el séptimo tema de la noche, «Wandering Star», extraído de su clásico «Dummy», el grupo se relajó y Gibbons se sentó junto a su guitarrista para cantarla muy lentamente, recordando a Diamanda Galas pero sin esa excentricidad de la diva.

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A continuación llegó la parte más dura y electrónica de la noche con «Machine Gun», donde las proyecciones y el brutal sonido convirtieron su interpretación en uno de los puntos más álgidos del concierto. Sin embargo, la locura se desató con «Glory Box», posiblemente su hit más escuchado y deseado de la velada.

Tema tras tema, Gibbons permaneció inmóvil tras el micrófono o bien bailando con su batería de espaldas al público, aunque esa frialdad se rompió en los bises, después de que «Roads» sonara por los altavoces del pabellón, ya que Beth bajó al foso botella en mano y empezó a saludar uno a uno a todos los integrantes de las primeras filas. Un poderoso clímax que, junto al tema «We Carry On», puso el brillante punto final a uno de los mejores conciertos de la temporada.

Texto y fotos: Eduard Tuset