Judas Priest. «Redeemer of Souls»

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Judas Priest. Redeemer of Souls. Columbia/Sony Music

Aún recuerdo mi primer contacto con Judas Priest. Ya escuchaba Metallica y Iron Maiden desde hacía algún tiempo pero fue darle al play a “Painkiller” y, sencillamente, alucinar. Vale, tenía solo once años, pero creo que me hubiera ocurrido algo parecido hoy en día.

La anécdota viene a colación porque tras escuchar una y otra vez la nueva entrega de los británicos, he revivido algo de esa sensación. No porque «Redeemer of Souls» sea un disco similar a aquél, sino porque estamos, simplemente, ante su mejor entrega desde entonces.

Su nuevo material suena clásico, metálico en el sentido genuino de la palabra y cien por cien Judas Priest. Olvídense de intentos de puesta al día mal formulados o de experimentos como el doble y excesivo “Nostradamus”. Olvídense, también, de engañosas giras fantasma de despedida.

Glenn Tipton y compañía se redimen con su mejor versión, con esas inconfundibles melodías, esas guitarras dobladas (Richie Faulkner consigue casi que olvidemos la ausencia de K.K. Downing) y la tocada pero aún inimitable voz de Halford.

Un disco auto-homenaje, sí, con ecos de “Sin After Sin” y «Stained Class” y de su segunda etapa dorada de los ochenta, pero que supera la nostalgia gratuita con canciones redondas y efectivas como “Down in Flames”, el tema título o la pegadiza «March of the Damned”. Cuando ya poco esperábamos de ellos, van y firman un muy digno trabajo que aceptaríamos sin rechistar como testamento.

Texto: David Sabaté
Crítica publicada en MondoSonoro

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