«Whiplash», doloroso y obsesivo camino a la perfección

Alumno y profesor, guerra abierta. Fuente: Sony

Alumno y profesor, guerra abierta. Fuente: Sony

Centrar generoso metraje de tu película en intrincados y libres solos de batería tiene bastante de heroico. También lo es rodar un filme tan vibrante, furioso y genuino como éste en tan solo 19 días; o confiar el papel protagonista a un casi desconocido para el gran público Milles Teller, visto en títulos como «Divergente» o «Rabbit Hole».

Probablemente, la cinta no hubiera sido posible sin el joven actor, tan convincente actuando como tocando (¡y de qué manera!) la batería, metido aquí en la piel de Andrew Neiman, un tímido pero ambicioso estudiante de una elitista escuela de jazz. Su creación es una de las mayores sorpresas de una cinta intensa, rabiosa y cautivadora aunque no tengas ni un solo disco del género en tu colección.

Fuente: Sony

¿Carrera o amor? Eterno dilema sin respuesta. Fuente: Sony

Si te gusta la música (algo que damos por sentado si estás leyendo este blog), la disfrutarás aún más, pero ello no resulta ni mucho menos indispensable para dejarse atrapar por esta enésima pero deslumbrante historia de superación y ambigua exaltación de la cultura del esfuerzo y de la búsqueda de la excelencia por todos los medios, aunque ello justifique el empleo de la violencia.

La agresividad tiene aquí un rostro: el del profesor Terence Fletcher, mentor y antagonista en uno; un docente tan académicamente prestigioso como temido por sus alumnos. Una caracterización de Oscar servida por un J.K. Simmons grandioso, deudor, salvando las distancias, del sargento Hartman de «La chaqueta metálica» en sus estallidos de cólera, y que cree firmemente que poniendo al límite a sus alumnos logrará sacar lo mejor de ellos y encontrar a un nuevo Charlie Parker.

Fuente: Sony

J.K. Simmons, ensayando su discurso de recogida del Oscar al Mejor Actor Secundario. Fuente: Sony

Da igual que por el camino se suicide un antiguo y destacado estudiante. Nunca, bajo ninguna circunstancia, nombrarás las fatídicas palabras buen trabajo, primer paso hacia el conformismo, la autocomplaciencia y la renuncia al milagro.

Pero, ¿dónde está el límite? No llegamos aquí a los extremos psicóticos del mundo del ballet mostrados con terrorífica majestuosidad por Darren Aronofsky en «El cisne negro«, pero algo de ella hay en el obsesivo afán de alcanzar la perfección aún a costa de la propia cordura y de los litros de sudor, sangre y lágrimas derramados por el camino. También se entrevén en «Whiplash» las maneras de «La red social» en su economía narrativa y en detalles como el trazo del breve romance del protagonista y su dicotomía entre amor o realización (y sacrificio) personal.

Teller, aporreando la batería como si le fuera la vida. Fuente: www.allaboutjazz.com

Teller, aporreando la batería como si le fuera la vida. Fuente: www.allaboutjazz.com

Otras breves escenas ajenas al mundo musical -las conversaciones de Neiman con su padre, cuya fracasada carrera literaria retroalimenta sus deseos de grandeza, o la incomprensión de su entorno, ejemplarizada en una reveladora cena familiar- refuerzan la importancia del triunfo profesional, aparente único medio para el reconocimiento personal.

Todo ello engrandece el descarnado duelo, interpretativo y real, verbal y físico, entre alumno y profesor; un enfrentamiento que cambia revólveres por baquetas, insultos e insospechadas armas arrojadizas, y eje central sobre el que todo gira, de principio a fin, como un redoble eterno de batería. Interpretación, guión, ritmo, montaje; «Whiplash» brilla por muchas razones y ello la convierte, como un perfecto solo de jazz, en una de las más arrebatadoras, bellas, complejas y armoniosas piezas audiovisuales que pasarán por la gran pantalla en los próximos meses.

Texto: David Sabaté

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=zIP_gtjDtfE&w=600&h=315]