‘Expediente Warren 2: El caso Enfield’, tensa y artesanal lección de terror

Expediente Warren 2: El caso Enfield

Menudo desorden de habitación… Fuente: www.europapress.es

Es muy difícil encontrar películas que me asusten de verdad. Lo habrán oído o incluso pensado y pronunciado más de una vez. Nos ocurre de forma especial a todos aquellos que llevamos viendo cine de terror desde que éramos unos críos; aunque, por muy de valiente que uno vaya, siempre habrá algún momento en el que nos acordemos de esa aparición fantasmagórica, de esa visión abominable que emerge de las sombras o de ese ruido estremecedor y sin identificar que se repite lenta pero insistentemente en la oscuridad. Una casa rural, un altillo, un apagón en plena noche de tormenta… y nuestro subconsciente empieza a trabajar. Las películas de James Wan son de las que provocan ese tipo de inquietud y reacciones, incluso entre los más curtidos en el género. Y esa es muy buena señal.

Dicho esto, también es justo reconocer un handicap contextual: el subgénero de casas encantadas está más que trillado, resulta imposible negarlo, y la pereza de muchos realizadores y guionistas no hace más que subrayar cierta anemia creativa sustentada en un sinfín de lugares comunes y desarrollos previsibles. Ante este panorama resulta aún más reconfortante reencontrarse con un autor -por si tenían dudas, Wan lo es- que corrobora su pericia alcanzando nuevas cotas de intensidad visual y tensión fílmica.

Artífice de la referencial franquicia Saw, donde ya mostró su enorme potencial e ingenio narrativo partiendo con muy pocos recursos, y responsable de la saga Insidious, que ha resucitado la dormida excitación por el género entre ciertos sectores, el realizador malayo se desenvuelve como espectro en familia desestructurada en su nueva y escalofriante entrega.

Expediente Warren 2: El caso Enfield

Cazar fantasmas, ¿la mejor terapia de pareja? Fuente: www.collider.com

El director sigue fiel a su estilo: esto es, jugando hábilmente con la composición de los planos y el fuera de campo -brillante el interrogatorio de espaldas-; apostando en buena medida por los efectos especiales artesanales -cuando tira de CGI es justamente cuando su propuesta funciona de forma menos personal y efectiva-; y por la combinación de tonos habitual en cierto cine asiático: sirvan como ejemplos el romanticismo que alimenta la relación del matrimonio Warren (destacables, de nuevo, Vera Farmiga y Patrick Wilson, quien se marca una surrealista, por paradójica, interpretación acústica de Elvis), o el sentido del humor mostrado, por ejemplo, a raíz de la visita de un equipo de reporteros de televisión deudor de Poltergeist y con tecnología ligera de los setenta.

Aunque no todo reluce aquí, también hay peros, empezando por un metraje excesivo del que sobran unos veinte minutos, que podrían haberse recortado de las apariciones de The Crooked Man (muy ortopédico y algo infantil, influenciado aparentemente por la criatura de Babadook, aunque allí el monstruo cartoonesco funcionaba mucho mejor y de forma más coherente con el resto de la historia).

Así mismo, Wan repite de algún modo sus propios esquemas, aunque debemos considerarlo una saludable marca de fábrica: esto es, su habitual prólogo inicial, que aquí parece tomar prestada de la serie Hannibal la recreación de una escena del crimen por parte de Lorraine; o su ya típica vuelta de tuerca argumental, como ocurría en la primera Insidious y los viajes astrales.

Con todo, estamos ante una cinta entretenida y con escenas realmente tensas y jodidas: esas conversaciones en el primer tramo del film que la niña protagonista, sonámbula para más inri, mantiene con algo que aguarda en la oscuridad pasarán a engrosar la lista de imágenes imborrables que acecharán a los valientes de turno en la próxima noche de tormenta.

Texto: David Sabaté

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