‘La casa de Jack’, un psicópata en el diván

La casa de Jack. Lars Von Trier

Matt Dillon en ‘La casa de Jack’, de Lars Von Trier. Fuente: sitgesfilmfestival.com.

Soy de los que piensa que la gente tiende a simplificar demasiado las cosas. De la misma forma que una película lenta no tiene por qué ser aburrida, ni un blockbuster ser un entretenimiento vacío de contenido –reduccionismos más extendidos de lo que creemos–, una película violenta y provocadora como La casa de Jack –como gran parte del cine de Lars Von Trier– es mucho más que eso.

Es una lástima que los titulares que nos llegaran del regreso del realizador danés a Cannes destacaran el mareo de algún espectador, la supuesta misoginia del filme o al hecho de que en él mueran (personajes interpretados por) niños. Es cierto que la cinta tiene un poco o mucho de todo eso, pero no menos cierto es que La casa de Jack es mucho, muchísimo, más.

Para empezar, y como en buena parte de la filmografía del danés, estamos ante una cinta totalmente libre y personal, algo, por desgracia, poco común. La historia confesional de un asesino en serie que considera sus crímenes auténticas obras de arte. Un ejercicio de estilo que, sin abandonar nunca la incorrección política y el humor negro, depura los orígenes dogmáticos del realizador, presentes en pequeños zooms, cámaras al hombro y otros detalles formales, al servicio de una narrativa realista, casi documental, estructurada, como ya es habitual en su cine, en distintos capítulos.

Lo más interesante aquí, sin embargo, es el hilo conductor: una conversación en off entre el personaje principal, un psicópata obsesivo compulsivo encarnado por un Matt Dillon soberbio, y el que parece ser su psicoanalista. Es aquí donde Von Trier introduce unos pasajes con imágenes de archivo, mapas, stop motion y demás recursos en los que el autor reflexiona sobre algunas de las obsesiones del protagonista y las suyas propias, intercalando, incluso, planos de algunas de sus anteriores películas.

Autocrítica o egocentrismo. Ustedes, una vez más, deciden. Aunque sería un desperdicio que su juicio moral les privara de disfrutar del último acto del filme: un descenso literal y dantesco a los infiernos en el que Von Trier despliega, como en los mejores momentos de AnticristoMelancolía, todo su poderío visual.

Author

David Sabaté

Periodista cultural, colaborador de Mondo Sonoro desde 2001 y apasionado del cine, los libros y la música. Ha pasado por medios como El Periódico de Catalunya, Rockzone o Catalunya Ràdio. Filias: David Bowie, Black Sabbath, John Carpenter y el Festival de Cine de Sitges, al que acude desde que tiene memoria.
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