‘Murder in the Front Row’, thrash metal en las venas

Slayer en Murder in the Front Row

Concierto de unos jóvenes Slayer en ‘Murder in the Front Row’. Fuente: in-edit.org.

Para todo amante del metal en general, ver reunidos en un documental como Murder in the Front Row a gran parte de tus ídolos musicales, en pantalla grande y a todo volumen, resulta por lo menos emocionante. Contar en un mismo documental con Tom Araya y Kerry King de Slayer; James Hetfield, Kirk Hammet y Lars Ulrich de Metallica; Dave Mustaine de Megadeth; Chuck Billy de Testament; o Gary Holt y el malogrado Paul Baloff de Exodus es, francamente, inaudito.

Existían otros documentales sobre uno de los subgéneros más populares del metal surgido en los ochenta, pero ninguno había reunido a tantas primeras figuras del estilo. La espontaneidad de Hammet, el verdadero protagonista del filme al haber tocado en sus dos bandas principales, Exodus y Metallica; los vívidos recuerdos de Mustaine en su corta etapa como guitarrista de estos últimos; o Kerry King bromeando sobre su popularidad –”si estás viendo este documental, ya sabes quién soy”– resultan entrañables y bastante ilustrativos de la efervescencia de la época.

Biopic de los primeros Exodus y Metallica

Sin embargo, el comentario del guitarrista de Slayer –cómo vamos a echarles de menos– ejemplifica la cara oscura de todo el meollo. Para empezar, se trata de un documental bastante endogámico: no explica demasiado en qué consiste el género desde un punto de vista musical ni contiene testimonios externos a la escena, que darían cierta perspectiva al asunto. Y por otra parte, aparecen muchos músicos que vivieron la eclosión del thrash metal en la Bay Area de San Francisco, pero a muchos de ellos se les dedica poco espacio, cuando no anecdótico.

En este sentido, el filme parece por momentos un biopic de los primeros días de Metallica y, en menor medida, de Exodus; y se echa en falta una mayor presencia de Slayer, por poner el ejemplo más claro –vale, eran de Los Angeles, pero Metallica también antes de mudarse a San Francisco–. Y qué decir de los neoyorquinos Anthrax, tan solo representados por su batería Charlie Benante y quienes, aún procediendo de la Costa Este, tienen mucho que decir como miembros de honor del Big Four del thrash metal. También parecen metidas con calzador las entrevistas con Mark Osegueda (Death Angel) o Possessed. Quizás se trate de una sarta de quejas de fan –otra vez la endogamia–. Pero a Murder in the Front Row le falta, con todo, cierto componente didáctico… ¿Dónde está Sam Dunn cuando se le necesita?

Thrash metal, entre el punk y el heavy metal

Dicho todo esto, no estamos ante un mal filme. Nada más lejos de la realidad. La película está montada con nervio y ritmo acorde a su banda sonora; muestra dominio del tema –qué menos– por parte de sus responsables, con Adam Dubin al frente; y cuenta, como decía al principio, con un reparto coral formado por muchos de los protagonistas de la escena. Además, contiene un sinfín de material de archivo de enorme calidad que hará las delicias del aficionado.

En resumidas cuentas y lejos de ser perfecto, Murder in the Front Row es un documental ilustrativo, entretenido y, en cierto modo, necesario. El tipo de material que equipara de facto el thrash metal a cualquier otro género con casi cuarenta años de historia. Larga vida, pues, al thrash metal, uno de los subgéneros más punk que ha dado el heavy metal. Y, como exclama Kirk Hammet en un momento del filme, ¡muerte a los posers!

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